En un giro inesperado dentro del panorama político australiano, el partido de derecha radical One Nation, liderado por la controvertida senadora Pauline Hanson, ha experimentado un notable ascenso en las encuestas de opinión pública. Este incremento en la aceptación social y la intención de voto se produce tras el reciente y trágico tiroteo masivo ocurrido en las inmediaciones de Bondi Beach, un evento que ha conmocionado a la nación oceánica y ha reabierto debates profundos sobre la seguridad nacional y la cohesión social.

Pauline Hanson, una figura que durante décadas ha sido percibida como un elemento polarizador en la política de Australia, parece estar encontrando un nuevo eco entre el electorado tras los sucesos violentos. Su partido, One Nation, fundamenta su plataforma en políticas estrictas contra la inmigración, el nacionalismo económico y una retórica que prioriza lo que ellos denominan los valores tradicionales australianos. Para el público en México, One Nation podría compararse con otros movimientos nacionalistas globales que capitalizan el descontento social y la sensación de inseguridad para promover agendas de control fronterizo.

El ataque en Bondi, una de las zonas más emblemáticas y concurridas de Sídney, ha dejado una herida profunda en la sociedad australiana. Según los informes recientes, el discurso de Hanson —que frecuentemente vincula la inestabilidad social con las políticas migratorias y la falta de controles de seguridad rigurosos— está volviéndose «más aceptable» o digerible para ciudadanos que anteriormente rechazaban sus posturas por considerarlas extremistas. Este fenómeno sugiere que el miedo y la búsqueda de orden tras eventos traumáticos están impulsando a los votantes hacia opciones políticas de línea dura.

A pesar de las críticas de diversos sectores que acusan a One Nation de instrumentalizar una tragedia nacional para obtener beneficios electorales, los datos de los sondeos muestran que el mensaje de Hanson está penetrando en estratos de la población que antes se mantenían distantes. La situación plantea un desafío significativo para los partidos tradicionales de Australia, quienes ahora deben navegar entre la gestión del luto de una comunidad herida y el ascenso de una fuerza política que propone soluciones drásticas y controvertidas frente a los problemas de seguridad.

El futuro de esta tendencia en las encuestas aún es incierto de cara a los próximos comicios, pero lo que queda claro es que el clima político en Australia está sufriendo una transformación. El discurso de control migratorio de Hanson ha dejado de ser una voz aislada para convertirse en una corriente que resuena con una parte considerable del electorado tras la masacre de Bondi.