El panorama de seguridad en el occidente de México ha registrado un cambio drástico tras el reciente operativo federal realizado en el municipio de Tapalpa, Jalisco. De acuerdo con informes oficiales, el saldo del enfrentamiento en el que perdió la vida Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, incluye también la baja de figuras de alto nivel en su círculo de confianza, destacando la muerte de su ahijado, Rubén Guerrero Valadez, conocido en la estructura criminal como “El R1” o “El Láminas”.
Carlos Torres Piña, fiscal general de Michoacán, ofreció detalles sobre la identidad del fallecido con el objetivo de disipar confusiones en las carpetas de investigación. El funcionario precisó que el abatido Rubén Guerrero Valadez no debe ser confundido con Ramón Álvarez Ayala, otro sujeto que utiliza el mismo alias de “El R1” y quien es señalado por las autoridades como el presunto autor intelectual del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez. “Hay una confusión, porque ambos personajes son distintos”, enfatizó el fiscal, aclarando que la búsqueda del responsable del homicidio del edil continúa vigente.
Rubén Guerrero Valadez, quien también portaba el nombre clave “08”, era una pieza estratégica dentro del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) debido a sus lazos sanguíneos. Era hijo de Heraclio Guerrero Martínez, alias “El Tío Lako”, uno de los fundadores históricos de la organización y compadre de Oseguera Cervantes. Esta estrecha relación de parentesco y lealtad posicionaba al “Tío Lako” como uno de los perfiles más sólidos para suceder al “Mencho” al frente del grupo delictivo. La pérdida de su hijo representa un impacto directo al núcleo familiar que lidera una de las facciones más influyentes del cártel.
Además de la baja de Guerrero Valadez, se confirmó la muerte de Juan Carlos Martínez Araujo, sobrino del “Tío Lako” y quien se desempeñaba como teniente de una célula operativa con base en Tinaja de Vargas, Michoacán. Según las autoridades estatales, los cuerpos de los familiares de los líderes criminales fueron reclamados y entregados el pasado martes, para ser trasladados y sepultados en su tierra natal en el municipio de Tanhuato.
Este operativo en territorio jalisciense no solo representa el fin de la era de Oseguera Cervantes, sino que genera un vacío de poder y una fractura en la línea de sucesión natural de la organización, dejando una estela de incertidumbre sobre el futuro mando de la estructura criminal ante las bajas sufridas por la familia Guerrero.



