En un movimiento que subraya la compleja dinámica del presupuesto en Washington, los legisladores de Estados Unidos han dado luz verde a una bolsa de casi 15,500 millones de dólares destinada a proyectos de asignación directa, conocidos en el ámbito político estadounidense como 'earmarks'. Estos fondos forman parte integral del paquete de financiamiento federal para el año fiscal 2026 y están diseñados para beneficiar a más de 8,000 iniciativas en diversas comunidades de todo el país.
Para el lector en México, es fundamental entender que los 'earmarks' funcionan de manera similar a lo que históricamente se conoció en el sistema legislativo mexicano como partidas discrecionales o fondos de infraestructura para estados y municipios. En esencia, son recursos que los congresistas y senadores logran etiquetar específicamente para obras o programas en sus propios distritos, permitiéndoles entregar resultados tangibles a sus votantes directos.
La aprobación de este monto multimillonario representa una victoria para los legisladores que buscan financiar necesidades locales que, de otro modo, quedarían fuera de las grandes prioridades de las agencias federales. De acuerdo con los detalles del paquete, los más de 8,000 proyectos incluyen una amplia gama de sectores que van desde la modernización de infraestructura básica, como sistemas de alcantarillado y pavimentación de caminos rurales, hasta el financiamiento de laboratorios de investigación universitaria y equipamiento para servicios de emergencia.
Sin embargo, la asignación de estos 15,500 millones de dólares no está exenta de controversia. En la política estadounidense, esta práctica suele ser etiquetada por sus críticos como 'pork barrel spending' (gasto superfluo o clientelar), argumentando que los recursos se distribuyen con base en el poder político de cada legislador y no siempre atendiendo a criterios de eficiencia económica o necesidad nacional.
El despliegue de estos recursos en 2026 marcará un hito en la administración del presupuesto federal, demostrando que, a pesar de los esfuerzos previos por limitar este tipo de asignaciones, el Congreso sigue considerando estos proyectos locales como una herramienta indispensable para el consenso legislativo. La supervisión de estos fondos será ahora la tarea principal de las agencias auditoras, quienes deberán asegurar que el capital se utilice estrictamente para los fines sociales y de infraestructura prometidos.


