Durante años, la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) ha sido descrita por especialistas médicos como una verdadera crisis de salud entre las atletas jóvenes. De acuerdo con un análisis reciente publicado por el New York Times, esta lesión —que a menudo requiere cirugía y meses de rehabilitación extenuante— sigue presentándose con una frecuencia alarmante en adolescentes, especialmente en aquellas que practican deportes de alto impacto como el fútbol, el básquetbol y el voleibol.

La disparidad de género en este tipo de incidentes es uno de los puntos más preocupantes para la medicina deportiva contemporánea. Las estadísticas indican que las mujeres jóvenes tienen entre dos y ocho veces más probabilidades de sufrir una rotura de ligamento en comparación con sus pares varones. Aunque factores biológicos como la estructura ósea y las fluctuaciones hormonales juegan un papel, los expertos señalan que la falta de una preparación física específica es el factor determinante que no se está atendiendo adecuadamente en las ligas juveniles.

Lo que resulta más frustrante para la comunidad médica es que la solución es bien conocida y relativamente simple. Se ha demostrado que una serie de ejercicios neuromusculares, enfocados en fortalecer los músculos que rodean la rodilla y en enseñar técnicas correctas de aterrizaje y cambio de dirección, pueden prevenir hasta la mitad de estas lesiones. Sin embargo, estos programas preventivos rara vez se implementan de manera sistemática en los entrenamientos escolares o de clubes locales.

En México, donde el auge del deporte femenil ha crecido de manera exponencial en la última década, esta problemática cobra una relevancia especial. Con el éxito de la Liga MX Femenil y el aumento de niñas participando en torneos competitivos desde edades tempranas, la necesidad de que entrenadores y padres de familia adopten protocolos de prevención es urgente. Una lesión de LCA no solo trunca carreras deportivas prometedoras, sino que aumenta significativamente el riesgo de padecer osteoartritis a una edad temprana.

El desafío actual radica en la educación. Los especialistas insisten en que dedicar tan solo 15 o 20 minutos de cada entrenamiento a ejercicios específicos de estabilidad y fuerza podría cambiar el panorama actual. Mientras no se masifiquen estas prácticas preventivas, las salas de cirugía seguirán recibiendo a jóvenes cuya vida deportiva se ve pausada, o terminada, por una lesión que pudo evitarse.