Washington. — Un pequeño objeto tallado, conocido como la “figurilla adorante”, descubierto originalmente en una cueva alemana en 1979, ha vuelto al centro del debate científico internacional. Con una antigüedad estimada de 40 mil años, esta pieza arqueológica no solo es un testimonio del arte paleolítico, sino que sus misteriosas inscripciones están obligando a los expertos a replantearse el surgimiento de la escritura en la historia de la humanidad.
La pieza fue elaborada por los primeros grupos humanos que establecieron una cultura distintiva en el continente europeo durante el Paleolítico Superior. Lo que hace que este objeto sea excepcional no es solo su manufactura, sino la presencia de secuencias intrigantes de marcas y puntos cuidadosamente grabados en su superficie. Según los investigadores, estas incisiones no parecen ser meramente decorativas, sino que sugieren un intento sistemático de registro o comunicación simbólica que precede por milenios a las civilizaciones tradicionalmente acreditadas con la invención del lenguaje escrito.
Este fenómeno no es un caso aislado dentro de la arqueología de la región. Diversos objetos producidos por la misma cultura han sido sometidos a nuevos análisis científicos, revelando patrones similares de muescas y puntos distribuidos de forma no aleatoria. Para la comunidad académica, la repetición de estos símbolos en diferentes artefactos indica que no se trata de expresiones artísticas aisladas o accidentales, sino de un código compartido. Este sistema primigenio podría representar el antecedente más remoto de un lenguaje gráfico, permitiendo a estos grupos humanos transmitir información relevante a través del tiempo.
El descubrimiento de estas secuencias pone en tela de juicio la narrativa histórica tradicional que sitúa el nacimiento de la escritura formal en Mesopotamia hace aproximadamente 5,000 años. Si se confirma que estos grabados representan un sistema de notación, calendario o registro de eventos, estaríamos ante un cambio de paradigma sobre las capacidades cognitivas y sociales de los seres humanos prehistóricos.
Para los especialistas, estos hallazgos subrayan la sofisticación de las sociedades antiguas, recordándonos que la necesidad de registrar información y trascender el lenguaje oral es una característica intrínseca de nuestra especie. Este tipo de investigaciones tienen una relevancia global, pues invitan a reconsiderar la evolución de la mente humana en todas las latitudes, incluyendo el estudio de los sistemas simbólicos en las civilizaciones mesoamericanas de México, que siglos después desarrollarían sus propias formas complejas de codificar la realidad y el tiempo.


