Tras siete años de fungir como el 'cerebro' estratégico detrás de la seguridad del arsenal nuclear estadounidense, la supercomputadora conocida como Sierra ha sido oficialmente desconectada. Ubicada en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL) en California, este gigante tecnológico marcó una era en la computación de alto rendimiento antes de su inevitable retiro para dar paso a nuevas generaciones de máquinas.
Sierra no era una computadora común. Desde su activación en 2018, se mantuvo consistentemente entre los sistemas más potentes del planeta. Su función primordial era vital para la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA): realizar simulaciones extremadamente complejas para garantizar la viabilidad y seguridad de las ojivas nucleares sin la necesidad de realizar pruebas físicas subterráneas, las cuales han estado prohibidas por tratados internacionales durante décadas.
Esta máquina fue el resultado de una colaboración técnica entre las empresas IBM, Nvidia y Mellanox. En su apogeo, alcanzó una capacidad de procesamiento de 125 petaflops, lo que significa que podía realizar 125 mil billones de cálculos por segundo. Para ponerlo en perspectiva para el público mexicano, esta potencia supera por mucho a los sistemas más avanzados del país, como la supercomputadora 'Miztli' de la UNAM, utilizada comúnmente para investigación científica y pronósticos climáticos.
El Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, donde residía Sierra, es uno de los centros de investigación federales más importantes de Estados Unidos, especializado en ciencia y tecnología aplicada a la seguridad nacional. Para los expertos, el retiro de una máquina de este calibre no es una sorpresa, sino una necesidad operativa. En el mundo de la supercomputación, una vida útil de siete años se considera longeva; el hardware se degrada, la eficiencia energética se vuelve obsoleta frente a los nuevos modelos y los costos de mantenimiento comienzan a superar los beneficios.
La razón de su 'muerte' tecnológica es la llegada de su sucesora: 'El Capitán'. Esta nueva supercomputadora promete ser más de diez veces más rápida que Sierra y se convertirá en la primera máquina de clase 'exaescala' dedicada exclusivamente a la seguridad nuclear. Con el apagado de Sierra, se cierra un capítulo en la historia de la defensa digital, recordándonos que incluso las mentes artificiales más poderosas tienen un límite frente al imparable avance de la innovación.


