A más de dos años del inicio de la invasión rusa en territorio ucraniano, el panorama geopolítico mundial muestra señales de un agotamiento profundo entre los actores directamente involucrados. Mientras el conflicto se mantiene en un punto crítico de estancamiento militar, diversos análisis internacionales coinciden en un diagnóstico contundente: el balance de la agresión no favorece a Moscú ni a Kiev, y el impacto negativo se extiende de manera preocupante hacia la Unión Europea y Estados Unidos. En este escenario de desgaste sistémico, es China quien está logrando consolidar su posición como la gran ganadora estratégica.

Para el Kremlin, la aventura militar ha resultado en un aislamiento económico sin precedentes y una dependencia creciente de los mercados asiáticos. Por otro lado, para el gobierno de Volodímir Zelenski, la supervivencia nacional continúa pendiendo de un hilo que depende directamente de la volatilidad política en las capitales occidentales. Por su parte, la Unión Europea y Estados Unidos enfrentan una presión interna considerable debido al elevado costo del apoyo militar continuo y las distorsiones en los mercados de energéticos y materias primas. Sin embargo, Pekín ha sabido navegar las aguas turbulentas de una neutralidad calculada para extraer beneficios tangibles sin involucrarse directamente en el campo de batalla.

La ventaja china se manifiesta en múltiples dimensiones. En primer lugar, el gigante asiático ha logrado acceder a recursos energéticos rusos a precios preferenciales, fortaleciendo su seguridad industrial frente a posibles crisis futuras. Además, Pekín observa con atención cómo el arsenal militar y la atención política de Washington se diluyen en el frente europeo, lo que potencialmente reduce la presión inmediata sobre los intereses chinos en el Indo-Pacífico y el estrecho de Taiwán.

Desde la perspectiva de México, este reordenamiento del orden mundial no es un tema menor. Como principal socio comercial de Estados Unidos y actor clave en la economía de América del Norte, nuestro país se encuentra en una posición delicada. El fortalecimiento de China como un polo alternativo de poder influye directamente en las dinámicas del comercio global y en la tendencia del 'nearshoring'. Si bien la rivalidad entre Washington y Pekín abre ventanas de oportunidad para la industria mexicana, una China fortalecida por el desgaste de las democracias occidentales podría reconfigurar las reglas del juego económico internacional en el mediano plazo.

En conclusión, la guerra de Ucrania parece estar funcionando como un acelerador de la transición hacia un mundo multipolar. Pekín, sin haber disparado un solo proyectil, está capitalizando estratégicamente el debilitamiento de sus principales competidores, posicionándose como el árbitro silencioso de una era marcada por la incertidumbre.