Ginebra, Suiza, ha retomado su papel histórico como el tablero principal de la diplomacia global. En los últimos días, la ciudad se ha convertido en la sede de discretas pero cruciales rondas de conversaciones en las que participan delegaciones de Estados Unidos, Rusia y Ucrania. El objetivo primordial de estos encuentros es explorar rutas viables para un diálogo de paz que ponga fin a la prolongada guerra en territorio ucraniano, un conflicto que ha desestabilizado los mercados energéticos y alimentarios a nivel mundial.
Sin embargo, el foco de atención no se limita solo al este de Europa. Paralelamente, se han registrado acercamientos significativos entre Washington y Teherán. En este complejo entramado geopolítico, han comenzado a destacar nombres que sugieren un cambio de estrategia en la mediación estadounidense: Steve Witkoff y Jared Kushner. Ambos perfiles, conocidos por su cercanía al círculo del expresidente Donald Trump, han irrumpido en el debate político como figuras con un margen de maniobra particular en estas negociaciones de alto nivel.
Manuel Supervielle, coronel retirado del Ejército de Estados Unidos y experto en derecho internacional y geopolítica, ha señalado la relevancia de estas incorporaciones. Según el análisis de Supervielle, la presencia de figuras como Kushner —quien fuera arquitecto de los Acuerdos de Abraham— y Witkoff responde a una búsqueda de canales alternativos de comunicación que podrían destrabar puntos muertos en la diplomacia tradicional. Su participación plantea interrogantes sobre el alcance real de su influencia y si su enfoque, más ligado al sector empresarial y a negociaciones directas, puede ofrecer resultados distintos en conflictos de carácter militar y nuclear.
Para México, el desarrollo de estas mesas de diálogo en Ginebra no es un tema menor. La resolución de la guerra en Ucrania y la estabilización de las relaciones con Irán son factores determinantes en la volatilidad de los precios del petróleo y en la configuración de las cadenas de suministro que afectan directamente a la economía mexicana. Además, la participación de actores externos a la diplomacia de carrera en Washington marca una tendencia que el gobierno de México deberá observar de cerca, especialmente de cara a la futura relación bilateral y la seguridad hemisférica.
El camino hacia la paz sigue siendo incierto, pero la reactivación de estos canales en Ginebra sugiere que todas las partes están evaluando el costo de la continuación de las hostilidades. La comunidad internacional permanece expectante ante los informes que emanen de estas reuniones, donde el equilibrio de poder mundial se está renegociando párrafo por párrafo.

