Para Simon Mills, colaborador del diario británico Daily Mail, la mediana edad y un divorcio reciente se convirtieron en el motor para una transformación física radical. Tras años de no considerarse una persona con sobrepeso, Mills dedicó esfuerzos a moldear su figura, logrando lo que él consideraba 'la mejor forma de su vida'. Sin embargo, una visita al médico echó por tierra su confianza al revelarle una verdad inesperada: técnicamente, padecía de 'obesidad oculta'.

Este fenómeno, conocido en el ámbito médico como obesidad de peso normal o grasa visceral, afecta a personas que, a pesar de tener un Índice de Masa Corporal (IMC) dentro de los rangos normales, poseen un porcentaje de grasa interna peligrosamente alto. El caso de Mills resuena con especial fuerza en México, un país que ocupa los primeros lugares mundiales en obesidad y donde la percepción visual de la salud suele engañar a los pacientes sobre su verdadero estado metabólico.

El periodista admite que, aunque nunca fue una persona 'gorda', tampoco poseía un físico particularmente musculoso o definido. Esta condición, coloquialmente llamada 'skinny fat' (delgado con grasa), implica que la grasa no se almacena bajo la piel (grasa subcutánea), sino alrededor de los órganos vitales como el hígado, el páncreas y el corazón. La sorpresa de Mills subraya una realidad alarmante: la ausencia de una 'panza' prominente no garantiza la salud cardiovascular.

Expertos señalan que hay señales claras para identificar si alguien padece esta condición. La falta de tono muscular, la fatiga persistente a pesar de una dieta aparentemente baja en calorías y una circunferencia de cintura que no corresponde con la delgadez de las extremidades son indicadores clave. Mills relata que su diagnóstico fue un llamado de atención para dejar de enfocarse únicamente en la báscula y comenzar a priorizar la composición corporal.

Para revertir esta 'obesidad secreta', el autor destaca cinco pilares fundamentales que le fueron recomendados por especialistas. En primer lugar, el entrenamiento de fuerza es vital para reemplazar el tejido graso con músculo. Segundo, aumentar el consumo de proteínas de alta calidad para apoyar la síntesis muscular. Tercero, reducir drásticamente el consumo de azúcares refinados y alcohol, principales precursores de la grasa visceral. Cuarto, mejorar la higiene del sueño, ya que el cortisol elevado por el cansancio promueve la acumulación de grasa abdominal. Finalmente, la consistencia en el monitoreo médico más allá del simple pesaje.

La experiencia de Simon Mills sirve como un recordatorio profesional y necesario para la población mexicana: la salud no se mide en kilogramos, sino en la calidad de los tejidos y el funcionamiento interno del organismo. Estar delgado no es sinónimo de estar sano, y la prevención mediante estudios de composición corporal puede ser la diferencia en la prevención de enfermedades crónicas.