El vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA) no solo transformará las oficinas y fábricas del mundo, sino que podría golpear la esencia misma del ser humano. Omar Hatamleh, quien fuera director de innovación e ingeniería en la NASA, advirtió recientemente que el desarrollo acelerado de estas tecnologías provocará una “crisis de identidad” sin precedentes en las próximas décadas, derivada de la reconfiguración total del mercado laboral y los estilos de vida tradicionales.
Hatamleh, coautor del libro “Inteligencia artificial e innovación”, explicó en una entrevista reciente que la IA posee capacidades duales que oscilan entre lo asombroso y lo preocupante. Según el experto, el impacto final de esta herramienta en la sociedad dependerá exclusivamente de las políticas y decisiones éticas que las potencias globales adopten en el presente. “No tenemos un solo futuro, tenemos varios, y todo depende de qué camino elijamos hoy”, sentenció el especialista.
El panorama para el mercado de trabajo es particularmente disruptivo. Hatamleh prevé que, hacia finales de esta década, la inteligencia artificial general podría alcanzar un nivel de sofisticación tal que le permita asumir tareas de alta complejidad, sustituyendo incluso a profesionales altamente calificados como médicos, abogados o ingenieros. Para el año 2050, en un planeta habitado por cerca de 10 mil millones de personas, el experto estima que solo una mínima fracción de la población mundial conservará ocupaciones similares a las actuales.
Sin embargo, el mayor riesgo identificado por Hatamleh no es de carácter económico, sino social y emocional. El especialista advierte que la mayoría de los seres humanos construyen su identidad, su valor personal y su sentido de pertenencia a partir de su profesión y su aporte a la comunidad. Si la IA reemplaza las tareas manuales e intelectuales, gran parte de la población podría enfrentarse a un vacío existencial al perder su rol como proveedores y creadores.
Ante este escenario, es urgente que naciones como México, con una fuerza laboral diversa y en constante digitalización, comiencen a debatir medidas de mitigación. La transición hacia una sociedad automatizada requerirá no solo de nuevas competencias técnicas, sino de un replanteamiento profundo sobre qué es lo que nos otorga valor como individuos cuando el trabajo deje de ser el eje central de la vida humana.


