En un movimiento que rompe con décadas de protocolo diplomático, el gobierno de Estados Unidos ha anunciado que comenzará a ofrecer servicios oficiales de su embajada directamente en un asentamiento israelí en Cisjordania. Esta decisión marca un hito sin precedentes en la política exterior de Washington y ha generado una reacción inmediata entre los diversos actores políticos de la región.
El anuncio ha sido interpretado de manera uniforme por figuras de todo el espectro político. Tanto palestinos como israelíes, provenientes de sectores de derecha e izquierda, coinciden en que esta acción representa un paso decisivo hacia la legitimación de los asentamientos judíos en territorios ocupados. Es fundamental recordar que, para la gran mayoría de las naciones del mundo y organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), estos asentamientos son considerados ilegales bajo el derecho internacional, ya que se encuentran en tierras que los palestinos reclaman para la conformación de un futuro Estado independiente.
Desde una perspectiva técnica, la prestación de servicios consulares —tales como la emisión de pasaportes y asistencia ciudadana para residentes estadounidenses en la zona— implica un reconocimiento tácito de la autoridad israelí sobre estos territorios. Anteriormente, la diplomacia estadounidense evitaba realizar actos oficiales dentro de estos límites para mantener una postura de neutralidad y no entorpecer las negociaciones de paz basadas en la solución de dos Estados.
Para el público en México, esta noticia resulta de particular relevancia dado el histórico papel de la diplomacia mexicana en la defensa del derecho internacional. México, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), ha mantenido de forma consistente una postura a favor del respeto a las fronteras y las resoluciones de la ONU en torno al conflicto palestino-israelí. Un cambio en la política de nuestro principal socio comercial, Estados Unidos, redefine el equilibrio de poder en Medio Oriente y establece un nuevo precedente sobre cómo se gestionan los territorios en disputa.
Analistas internacionales advierten que esta medida podría complicar aún más los esfuerzos por reactivar los diálogos de paz. Mientras que los grupos pro-asentamientos en Israel ven esto como un respaldo fundamental de su aliado más cercano, el liderazgo palestino y diversos organismos de derechos humanos denuncian que se está erosionando la viabilidad de una solución territorial justa. Con este acto, Estados Unidos no solo ofrece servicios administrativos, sino que envía un mensaje geopolítico que resuena en todas las cancillerías del mundo.

