En una nueva escalada de retórica diplomática, el líder supremo de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong-un, ha ratificado la determinación de su administración para consolidar el estatus de su nación como una potencia nuclear de primer orden. Durante sus más recientes declaraciones, el mandatario subrayó que el fortalecimiento de la defensa estratégica es una prioridad ineludible para garantizar la soberanía del país frente a las crecientes presiones externas y las amenazas que, según su visión, provienen de occidente.
El anuncio de Kim Jong-un no solo se limita a una exhibición de fuerza militar, sino que también establece una hoja de ruta condicionada para la estabilidad en la península de Corea. El líder norcoreano fue enfático al señalar que, aunque el desarrollo de armamento no se detendrá en el corto plazo, existe todavía una ventana de oportunidad para la negociación diplomática. Sin embargo, esta posibilidad depende enteramente de que Estados Unidos abandone lo que Pionyang denomina una “política hostil”, término que históricamente hace referencia a las severas sanciones económicas y a los ejercicios militares conjuntos realizados con Corea del Sur.
El estancamiento de las conversaciones entre ambas naciones ha sido la constante desde el fallido encuentro en Hanói en 2019. Desde entonces, el régimen norcoreano ha acelerado sus pruebas de misiles balísticos intercontinentales, argumentando que sus capacidades nucleares son un "disuasivo de guerra" necesario ante la presencia militar estadounidense en la región del Indo-Pacífico. Esta postura reafirma que Corea del Norte no está dispuesta a ceder unilateralmente sin obtener garantías de seguridad y reconocimiento internacional.
Para México, este panorama representa un desafío relevante en materia de política exterior. El gobierno mexicano, firme defensor del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) y de la desnuclearización global, observa con cautela estos movimientos que alteran el equilibrio geopolítico. Como miembro activo de la comunidad internacional y promotor histórico del Tratado de Tlatelolco, México ha abogado constantemente por soluciones diplomáticas y pacíficas que eviten una carrera armamentista que ponga en riesgo la seguridad colectiva.
Expertos en geopolítica consideran que este mensaje es una táctica recurrente de Kim Jong-un para ganar terreno en la mesa de negociaciones y presionar por el levantamiento de sanciones que asfixian la economía norcoreana. Mientras tanto, la comunidad internacional se mantiene a la expectativa de la respuesta de la Casa Blanca ante este nuevo ultimátum, en un contexto donde la seguridad global se encuentra bajo una presión sin precedentes debido a diversos conflictos simultáneos en el mapa mundial.


