La Casa Blanca, a través de su secretaria de prensa Karoline Leavitt, emitió un pronunciamiento contundente respecto a la ola de violencia que azota diversas regiones de México tras los reportes sobre el deceso de Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'El Mencho', líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En un tono que combina la diplomacia de seguridad con la retórica característica de la administración de Donald Trump, el gobierno estadounidense fijó su postura ante los grupos del crimen organizado en territorio nacional.
Leavitt informó que, hasta el momento, las autoridades de Estados Unidos no cuentan con registros oficiales de ciudadanos de su país que hayan resultado heridos, secuestrados o asesinados durante los enfrentamientos y bloqueos registrados en gran parte del territorio mexicano. No obstante, subrayó que el secretario de Estado, Marco Rubio, se encuentra trabajando activamente para monitorear la situación y garantizar la seguridad de los estadounidenses que residen o transitan por México en medio de este clima de inestabilidad.
Lo que inició como un reporte protocolario de seguridad escaló hacia una advertencia directa y severa. Leavitt enfatizó que las organizaciones criminales en México deben abstenerse de afectar a ciudadanos de EE. UU. si desean evitar represalias directas de Washington. 'Los cárteles de la droga mexicanos saben que no deben tocar ni un solo pelo a ningún estadounidense o pagarán graves consecuencias bajo la presidencia de Donald Trump', aseveró la funcionaria en una declaración que ha generado ecos en los círculos diplomáticos.
Esta postura se da en un contexto de alta tensión para la relación binacional. Tras la desaparición de la escena de uno de los capos más buscados por las agencias de inteligencia estadounidenses, el panorama de seguridad en México enfrenta una reconfiguración que suele ir acompañada de picos de violencia en las zonas de influencia delictiva. La retórica de la actual administración en Washington sugiere una disposición a actuar de manera más enérgica frente a las amenazas externas, lo que reaviva el debate sobre la soberanía y los mecanismos de cooperación en materia de seguridad entre ambos países.
Mientras el gobierno mexicano intenta contener los focos de violencia en distintas entidades del país, la vigilancia de Estados Unidos se mantiene constante. El mensaje de la Casa Blanca deja claro que cualquier incidente que involucre a sus ciudadanos podría desencadenar una respuesta de gran magnitud por parte del gobierno de Donald Trump, marcando una línea roja clara en la interacción con los grupos criminales transnacionales.



