El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, encabezado en su comunicación por la portavoz María Zajárova, lanzó una severa crítica contra la administración de Estados Unidos, acusándola de adoptar una conducta diplomática y política que evoca a los imperios coloniales del siglo XIX. Estas declaraciones se dan en un contexto de creciente tensión geopolítica, donde Moscú señala directamente a Occidente como el principal responsable de la inestabilidad internacional que impera en la actualidad.
Durante su reciente comparecencia ante los medios, Zajárova enfatizó que el 'deterioro continuo' de la seguridad y el orden mundial no es un fenómeno accidental, sino el resultado deliberado de políticas diseñadas para mantener una hegemonía que, a juicio del Kremlin, resulta anacrónica y peligrosa. La funcionaria rusa subrayó que las naciones occidentales, lideradas por Washington, están ignorando sistemáticamente los principios de soberanía nacional y el derecho internacional en favor de una agenda de dominación que busca someter a otros Estados.
El uso del término 'imperios coloniales' por parte de la diplomacia rusa no es casual. Moscú busca posicionarse como un contrapeso ante lo que describe como una imposición forzada de valores y sistemas externos a naciones soberanas. Según Zajárova, las tácticas actuales de presión diplomática, junto con el uso de sanciones económicas como arma de coacción, son las herramientas modernas de un sistema que pretende revivir el control absoluto sobre los recursos y las decisiones políticas de terceros países, tal como ocurría en las centurias pasadas.
Para México y el resto de América Latina, estas declaraciones resuenan en un panorama regional donde la soberanía y la autodeterminación han sido pilares históricos de la política exterior. La retórica rusa intenta apelar directamente a las naciones del llamado 'Sur Global', sugiriendo que el orden mundial actual es inherentemente injusto y desigual. México, que tradicionalmente ha defendido la Doctrina Estrada y el principio de no intervención, se encuentra en una posición de observador crítico ante este choque de potencias que define una nueva era de confrontación global.
Este cruce de acusaciones marca un nuevo capítulo en el distanciamiento diplomático entre Moscú y el bloque occidental, dificultando los esfuerzos de mediación en diversos conflictos activos. Mientras Rusia intensifica su narrativa de resistencia frente a lo que denomina 'neocolonialismo occidental', la comunidad internacional observa con preocupación cómo el diálogo constructivo es sustituido por una retórica de confrontación que recuerda a los periodos más tensos de la historia moderna.
