En una declaración que redefine la dinámica diplomática entre Centroamérica y la potencia asiática, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, lanzó una advertencia directa al gobierno de Beijing tras los amagos realizados por el Ministerio de Exteriores chino respecto a la operación de terminales portuarias en el istmo. “Mucho cuidado, nos necesitan ellos más a nosotros”, sentenció el mandatario, marcando una postura de soberanía frente a las inversiones extranjeras.
La fricción escaló después de que el Ministerio de Exteriores de China asegurara que el gigante asiático adoptará “todas las medidas necesarias” para salvaguardar los derechos e intereses legítimos de sus empresas en territorio panameño. Este mensaje fue interpretado por analistas internacionales como una presión directa sobre la administración de Mulino, que ha mostrado una inclinación hacia la revisión de concesiones estratégicas y un alineamiento más estrecho con los estándares de seguridad occidentales.
Para el gobierno panameño, la gestión de su infraestructura logística es un tema de seguridad nacional e interés global. El Canal de Panamá sigue siendo el eje central del comercio marítimo mundial, y las empresas chinas, que actualmente operan terminales clave en ambos extremos de la vía interoceánica, representan una parte significativa de la inversión extranjera en el país. Sin embargo, Mulino enfatizó que China depende profundamente de la estabilidad y la privilegiada ubicación geográfica de Panamá para mantener la fluidez de sus rutas comerciales hacia el Atlántico y el mercado latinoamericano.
Este escenario resuena con especial interés para México. Al igual que Panamá, nuestro país se encuentra bajo el constante escrutinio de sus socios comerciales en el marco del T-MEC debido a la creciente presencia de capitales chinos en sectores estratégicos, tales como el portuario y el de manufactura avanzada. La postura de Mulino podría sentar un precedente relevante sobre cómo las economías medianas en la región gestionan la rivalidad entre Washington y Beijing sin comprometer su autonomía nacional ni sus activos más valiosos.
Expertos en geopolítica señalan que este intercambio de declaraciones marca uno de los puntos más álgidos en la relación bilateral desde que Panamá formalizó lazos con Beijing en 2017. Mientras China busca consolidar su influencia en el continente a través de proyectos de infraestructura, el presidente Mulino parece decidido a recordar que la llave del paso interoceánico sigue estando firmemente en manos panameñas.

