La fisonomía de la Ciudad de México ha experimentado una transformación notable en los últimos años. Lo que comenzó como una tendencia aislada se ha convertido en una realidad cotidiana: el uso masivo de patines eléctricos. Estos dispositivos, conocidos técnicamente como vehículos de micromovilidad, se han popularizado en todo el país, y de manera más acentuada en la capital, debido a su accesibilidad económica, el bajo costo de mantenimiento y su indiscutible funcionalidad para sortear los embotellamientos.

Sin embargo, este crecimiento exponencial ha superado en muchos aspectos a la regulación vigente. Por ello, la Secretaría de Movilidad (SEMOVI) ha puesto sobre la mesa la implementación de nuevos requisitos para quienes optan por este medio de transporte. Entre las medidas más destacadas se encuentra la propuesta de un registro oficial y la asignación de placas de identificación, una iniciativa que busca dar orden y certeza jurídica tanto a los usuarios como al resto de los ciudadanos que comparten la vía pública.

La necesidad de reglamentar estos vehículos responde a diversos factores. En primer lugar, la seguridad vial se ha convertido en una prioridad; la falta de una normativa clara dificultaba la delimitación de responsabilidades en caso de incidentes o atropellamientos. Con la integración de placas, las autoridades locales pretenden tener un control más estricto sobre el padrón de vehículos que circulan por las ciclovías y arterias secundarias, permitiendo identificar a los propietarios en situaciones de riesgo o ante posibles infracciones.

Además de la seguridad, el gobierno capitalino enfatiza que la formalización de los patines eléctricos es un paso necesario para consolidar un sistema de transporte multimodal. Al ser medios de transporte económicos y eficientes, su integración formal permite que dejen de ser vistos como juguetes o artículos recreativos para ser reconocidos legalmente como alternativas de transporte sustentable. Esto implica que los usuarios también deberán ajustarse a reglas de tránsito más específicas, como el respeto absoluto a las zonas peatonales y el uso obligatorio de equipo de protección.

Para los dueños de estos dispositivos, la noticia representa un cambio significativo en la forma de interactuar con la ciudad. Si bien el proceso de emplacamiento podría percibirse como un trámite administrativo adicional, expertos en urbanismo coinciden en que es un mal necesario para garantizar una convivencia armónica en una de las urbes más congestionadas del mundo. Se espera que en las próximas semanas la SEMOVI detalle los costos, plazos y plataformas digitales para llevar a cabo este registro oficial, marcando así una nueva era para la micromovilidad en México.