Puerto Vallarta, el destino turístico más emblemático del estado de Jalisco, atraviesa uno de sus momentos más críticos en la historia reciente. Tras el operativo federal realizado el pasado 22 de febrero, en el cual fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la ciudad intenta levantarse entre los escombros y el olor a quemado que aún persiste en sus avenidas principales.
La jornada de violencia, que buscaba paralizar el municipio en respuesta a la acción del Estado, dejó un saldo devastador. De acuerdo con los reportes oficiales, más de 200 vehículos fueron calcinados y utilizados como barricadas en puntos estratégicos. La postal tradicional de descanso y tranquilidad fue sustituida por imágenes de metal retorcido y columnas de humo negro que cubrieron el cielo vallartense. El impacto no se limitó a las vialidades; la infraestructura comercial sufrió daños sin precedentes.
En total, se contabilizan 63 establecimientos comerciales devastados por ataques directos e incendios provocados. Entre los negocios más afectados se encuentran sucursales de las cadenas Oxxo y Kiosco, así como diversos locales en zonas comerciales y estacionamientos. Los grupos delictivos no distinguieron entre propiedad privada y pública, utilizando camiones de carga y autobuses de transporte para bloquear los accesos clave, incluyendo la carretera que conduce al Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta, afectando gravemente la conectividad del puerto.
Actualmente, el municipio se encuentra bajo un estricto anillo de seguridad coordinado por la Secretaría de Marina (Semar), que mantiene patrullajes constantes para evitar nuevos brotes de violencia. Mientras las grúas retiran los restos de los vehículos quemados de las principales arterias viales, los locatarios evalúan las pérdidas económicas que, sumadas al impacto en la imagen turística, representan un duro golpe para la economía local.
En el ámbito judicial, las autoridades han confirmado la imputación de 13 sujetos presuntamente vinculados con la quema de vehículos y los ataques a comercios durante la jornada delictiva. A pesar de la presencia de las fuerzas federales, el sentimiento de incertidumbre prevalece entre los habitantes y visitantes, mientras Puerto Vallarta lucha por retomar su ritmo cotidiano y limpiar las huellas de una batalla que marcó un antes y un después en la región.



