La emblemática saga de terror que redefinió el género "slasher" en la década de los 90 regresa a la pantalla grande con su séptima entrega. "Scream 7" se presenta no solo como una continuación, sino como un intento de reconciliación con sus raíces tras una serie de cambios drásticos en su producción. El regreso de Neve Campbell, quien interpreta a la legendaria Sidney Prescott, es el eje central de una película que busca recuperar el prestigio de la franquicia.
Bajo la batuta de Kevin Williamson, el arquitecto original de la saga y creador de los personajes, la cinta apuesta por una estrategia de "regreso a lo básico". Según la reseña publicada por el medio especializado Variety, la película cuenta con los elementos necesarios —sustos efectivos y diálogos con humor mordaz— para garantizar que la maquinaria comercial siga funcionando y que el público mexicano acuda a las salas de cine, al menos durante su fin de semana de estreno.
Sin embargo, la crítica especializada advierte que esta simplicidad es un arma de doble filo. Aunque Williamson intenta dotar a la trama de esos giros "seductores y complejos" que caracterizan a la serie, el resultado final se siente falto de ambición. La narrativa, aunque funcional, se queda en un nivel superficial que ha sido calificado simplemente como "básica". En un mercado cinematográfico saturado de propuestas de terror, la falta de una propuesta fresca podría ser el mayor obstáculo para que Ghostface vuelva a aterrorizar a las audiencias de la misma forma que lo hizo en 1996.
Para los espectadores en México, donde la figura de Ghostface es un icono de la cultura pop y un disfraz recurrente cada temporada de Día de Muertos y Halloween, el filme representa una cita obligada por pura nostalgia. No obstante, la promesa de una secuela que desafiara las convenciones del cine parece haberse diluido en favor de un producto seguro y predecible. "Scream 7" logra mantener el interés momentáneo, pero falla en elevar el estándar de una franquicia que, en su momento, fue la más inteligente de su clase. El veredicto es claro: es una secuela cumplidora, pero quizás demasiado elemental para su propio bien.


