El futuro secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha delineado la que será la hoja de ruta de la administración de Donald Trump en materia de seguridad global y control de armamento. Durante sus recientes declaraciones, Rubio enfatizó una visión pragmática y limitada sobre la capacidad de Washington para dictar términos en los tratados internacionales de armas nucleares, marcando una pauta clara para el próximo cuatrienio del gobierno estadounidense.
"Podemos presionar, podemos orientar, podemos persuadir, pero no podemos obligar", afirmó Rubio, subrayando que, aunque Estados Unidos mantiene su posición como potencia hegemónica, el respeto a la soberanía y la realidad geopolítica actual exigen un enfoque basado en la diplomacia de resultados más que en mandatos unilaterales. Esta postura sugiere un cambio significativo en la retórica estadounidense, reconociendo que naciones como Rusia o China no pueden ser forzadas a firmar acuerdos que no consideren beneficiosos para sus propios intereses estratégicos.
Para México, esta visión diplomática es de suma relevancia. Como vecino estratégico y socio clave en múltiples foros internacionales, la estabilidad nuclear y el enfoque de "paz a través de la fuerza" de Trump impactan directamente en la agenda de seguridad regional y en el equilibrio de poder en el hemisferio. La disposición de Rubio a utilizar la presión y la persuasión indica que la administración entrante buscará renegociar términos de tratados existentes, posiblemente bajo condiciones más estrictas que favorezcan los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos, lo que obligará a la cancillería mexicana a observar de cerca estos movimientos.
El análisis de Rubio llega en un momento de creciente tensión internacional. Con el vencimiento de acuerdos clave de control de armas en el horizonte, la comunidad global observa con cautela cómo el equipo de Trump gestionará el equilibrio de fuerzas. La mención explícita de que "no se puede obligar" a otros actores internacionales revela un reconocimiento táctico: la eficacia de un tratado nuclear depende de la voluntad política de las partes involucradas, y no solo de la voluntad de Washington.
En conclusión, el nominado para dirigir la diplomacia estadounidense ha dejado claro que el estilo de negociación de Trump se alejará del idealismo multilateral tradicional para centrarse en una diplomacia de presión selectiva. Este enfoque, aunque reconoce los límites del poder estadounidense para imponer su voluntad de forma absoluta, no renuncia a utilizar todas las herramientas económicas y políticas para orientar a sus contrapartes hacia los objetivos que la Casa Blanca considere prioritarios en su agenda global.

