GINEBRA. — En un esfuerzo crítico por frenar una escalada que podría derivar en un conflicto bélico de proporciones impredecibles, delegaciones de Irán y Estados Unidos retomaron este jueves sus conversaciones en Ginebra. Este encuentro representa la tercera ronda de negociaciones facilitadas por la mediación del sultanato de Omán y ocurre en un momento de máxima tensión diplomática y militar en la región de Medio Oriente.

El canciller iraní se mostró moderadamente optimista al declarar ante medios internacionales que un acuerdo definitivo está «al alcance de la mano». No obstante, el panorama general se mantiene complejo y volátil. Las pláticas se desarrollan bajo la sombra del mayor despliegue militar estadounidense en la zona en las últimas décadas, una movida estratégica que la Casa Blanca justifica como una medida de disuasión necesaria ante las actividades de Teherán.

La presión sobre el gobierno iraní ha aumentado considerablemente tras las advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump. El mandatario fijó el jueves pasado un plazo perentorio de 15 días para alcanzar un pacto sustancial que satisfaga las demandas de seguridad de Washington. De no concretarse un acuerdo en este periodo, la amenaza de una intervención armada permanece como una opción latente sobre la mesa del Pentágono.

Uno de los principales obstáculos en la mesa de negociación es el alcance temático del posible tratado. Mientras que la delegación de Irán insiste firmemente en que el diálogo debe ceñirse exclusivamente a los límites de su programa nuclear, la administración de Trump exige un enfoque integral. Washington busca incluir en el pacto el cese del desarrollo de misiles balísticos y el retiro del apoyo financiero y logístico que Irán brinda a diversos grupos armados en el Líbano, Yemen y Siria.

La jornada diplomática en Suiza comenzó a primera hora en la residencia del embajador de Omán, donde ambos equipos sostuvieron intercambios técnicos. Según informó la cancillería de Irán, se tiene prevista una segunda sesión durante la tarde para intentar destrabar los puntos más críticos de la agenda.

Para México, la estabilidad en esta región es de suma importancia. Un estallido bélico no solo representaría una crisis humanitaria global, sino que provocaría una volatilidad inmediata en los precios internacionales del petróleo, afectando directamente las finanzas públicas y el presupuesto nacional. Por ahora, la comunidad internacional observa con cautela si la vía diplomática logrará prevalecer sobre el despliegue de portaaviones y tropas en el Golfo Pérsico.