En un escenario donde la tecnología y la defensa nacional convergen, ha surgido una nueva fractura entre el Valle del Silicio y el Pentágono. El foco de la controversia es Anthropic, una de las empresas líderes en inteligencia artificial (IA) y creadora del modelo Claude. A diferencia de otros competidores, Anthropic ha adoptado una postura de 'seguridad constitucional', lo que ha generado roces con sectores del Departamento de Defensa de los Estados Unidos que buscan aplicaciones militares más agresivas y directas.
Para el público mexicano, es fundamental entender que Anthropic no es solo una empresa tecnológica más; es la principal defensora de una IA alineada con valores humanos estrictos. Esta postura ha llevado a algunos críticos dentro de las esferas de defensa a calificar a la empresa de seguir una agenda demasiado cautelosa o 'woke', un término utilizado en este contexto para describir una supuesta carga ideológica que, según sus detractores, podría obstaculizar la eficacia táctica en combate. El debate central gira en torno a si la IA debe ser 'agente' (capaz de actuar de forma autónoma) o meramente 'mimética' (limitada a procesar y reflejar información sin intervenir).
Paralelamente a la discusión sobre el software, la seguridad de la infraestructura física del internet ha vuelto a la mesa de análisis con el caso del TAT-8. Este fue el primer cable de fibra óptica transatlántico y su legado sirve como recordatorio de la fragilidad de las conexiones globales en la actualidad. En un contexto de ciberseguridad, los cables submarinos representan las arterias por donde circula la información de todo el mundo, incluyendo las transacciones económicas y las comunicaciones estratégicas que vinculan a México con el resto del mundo.
La protección de estos cables es hoy un asunto de seguridad nacional prioritaria. Cualquier interrupción o sabotaje en estas redes de fibra óptica podría dejar a naciones enteras desconectadas, afectando desde los mercados financieros hasta los servicios de emergencia. Mientras la IA define el futuro de la toma de decisiones, los cables submarinos siguen siendo la base material que sostiene la era digital. La tensión entre la ética de Anthropic y las demandas del Pentágono es solo el principio de una reconfiguración profunda en cómo las potencias globales gestionarán su soberanía tecnológica en los años venideros.



