Nuevos detalles han surgido en torno a la actuación del Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) en el proceso judicial contra Juan García Ábrego, revelando una estructura de presión interna que alcanzó los niveles más altos del gobierno estadounidense. Robert E. McGuire, uno de los fiscales principales del caso, ofreció un testimonio donde describe un panorama extraordinario de intervención jerárquica.
Según las declaraciones de McGuire, los líderes de alto rango del Departamento de Justicia mantuvieron una vigilancia constante sobre su labor, en lo que describió como una supervisión que se sentía directamente «por encima de su hombro». El fiscal señaló que no solo se le observaba de cerca, sino que existía una insistencia persistente por parte de sus superiores para acelerar los tiempos del proceso, una dinámica poco común en litigios de esta complejidad.
Para el lector mexicano, el nombre de Juan García Ábrego es sinónimo de una era crucial en la historia del narcotráfico. García Ábrego fue el líder máximo del Cártel del Golfo y el primer narcotraficante en figurar en la lista de los diez más buscados del FBI. Su captura en 1996 y su posterior entrega a las autoridades estadounidenses marcaron un precedente en la cooperación —y en ocasiones, la fricción— de seguridad entre México y Estados Unidos.
El testimonio de McGuire arroja luz sobre las tensiones políticas que suelen acompañar a los casos de extradición de alto perfil. La premura descrita por el fiscal sugiere que el Departamento de Justicia no solo buscaba una condena legal, sino que operaba bajo una agenda que priorizaba resultados rápidos, posiblemente para cumplir con objetivos diplomáticos o de política interna en Washington.
Este nivel de involucramiento por parte de la cúpula del DOJ pone en tela de juicio la autonomía con la que operan los fiscales en casos que involucran a figuras clave del crimen organizado transnacional. Mientras que el Departamento de Justicia suele defender la independencia de sus procesos, el relato de McGuire pinta una realidad distinta, donde la presión política de alto nivel parece haber dictado el ritmo de la justicia.
Hasta el momento, las autoridades centrales en Washington no han emitido comentarios adicionales sobre estas revelaciones, las cuales se suman al complejo historial legal que rodea a los antiguos capos de la droga mexicanos en territorio estadounidense.



