La tensión diplomática entre Cuba y Estados Unidos ha sumado un nuevo capítulo de dolor e incertidumbre tras el violento operativo realizado por autoridades de la isla contra una lancha rápida procedente de Florida. En el centro de esta tragedia se encuentra Gabriel Azcora, un hombre residente de Kendall West, en el condado de Miami-Dade, quien recibió con incredulidad y dolor las noticias sobre la suerte de su sobrino, Roberto Azcorra Consuegra.
Roberto es uno de los seis heridos en el enfrentamiento ocurrido en aguas territoriales cubanas, un suceso en el que perdieron la vida cuatro de los tripulantes a manos de las fuerzas de seguridad de la isla. Gabriel Azcora, en entrevista para la agencia EFE, relató que se enteró de la situación de su pariente a través de los medios de comunicación, lo que le provocó un estado de conmoción inmediata. “¡Ay, mi madre! No, un shock”, exclamó el familiar, quien describió a su sobrino como el hijo de su hermano que aún reside en Cuba.
Según el testimonio recabado, Roberto Azcorra llegó a Florida hace aproximadamente cuatro años y se hospedó brevemente con su tío antes de independizarse. Gabriel señaló que, aunque sabía que su sobrino operaba una compañía de limpieza de cristales, había perdido contacto frecuente con él desde hacía tiempo. Ante los cuestionamientos sobre posibles vínculos con activismo opositor, el tío aseguró desconocer si Roberto estaba involucrado en temas políticos o actividades de resistencia contra el gobierno cubano.
Por su parte, el Ministerio del Interior de Cuba ha calificado el incidente como un intento de “infiltración con fines terroristas”. No obstante, las versiones se contraponen, ya que el Gobierno de Estados Unidos ha iniciado su propia investigación para esclarecer los hechos ocurridos en la embarcación civil. Hasta el momento, entre las víctimas mortales ha sido identificado Michel Ortega Casanova, quien se desempeñaba como miembro del Partido Republicano de Cuba, un dato que ha alimentado las sospechas sobre un trasfondo político en la expedición.
Este suceso ocurre en un contexto de alta sensibilidad para la región, donde el flujo de naves civiles entre Florida y el Caribe es monitoreado constantemente. Para el público mexicano, el incidente resuena debido a las complejas dinámicas migratorias y de seguridad que comparten las naciones de la cuenca del Caribe y el Golfo de México, subrayando la fragilidad de las vidas civiles en medio de los conflictos ideológicos y operativos de seguridad nacional.


