En las profundidades del estado de Virginia Occidental, en Estados Unidos, se encuentra un lugar que parece haber quedado congelado en el tiempo, envuelto en una atmósfera cargada de misterio y leyendas urbanas. Se trata de un antiguo parque de diversiones que, de acuerdo con expertos en temas paranormales y entusiastas del terror, se ha consolidado como uno de los sitios más «embrujados» de todo el mundo.
A diferencia de los parques temáticos modernos que buscan atraer a familias con luces y alegría, este recinto abandonado se ha convertido en un imán para los denominados «cazadores de fantasmas». Los visitantes no llegan buscando la adrenalina de montañas rusas funcionales, sino que recorren los esqueletos oxidados de los juegos mecánicos en busca de pruebas de actividad paranormal que, según los lugareños, impregna cada rincón del terreno.
Uno de los elementos más perturbadores reportados por quienes se aventuran en el lugar es la presencia de muñecas espeluznantes que han sido colocadas o encontradas en diversos puntos de las instalaciones. Estos objetos, sumados a la maleza que ha reclamado el terreno y al chirrido constante del metal viejo movido por el viento, crean una experiencia visual y auditiva que muchos califican como abrumadora. El sitio ha sido objeto de numerosos documentales y programas de televisión internacionales especializados en lo sobrenatural, lo que ha disparado su popularidad dentro del mercado del «turismo oscuro».
Para el público mexicano, este fenómeno guarda ciertas similitudes con destinos locales emblemáticos como la Isla de las Muñecas en Xochimilco, donde el abandono y lo místico convergen para atraer a los curiosos. Sin embargo, en el caso de esta propiedad en Virginia Occidental, la escala industrial de un parque de diversiones abandonado añade una capa de nostalgia melancólica y un sentido de tragedia que lo distingue de otros sitios históricos.
A pesar de su evidente estado de deterioro y el peligro estructural que representan las máquinas antiguas, el lugar sigue recibiendo a grupos de investigación que aseguran haber presenciado manifestaciones inexplicables. Lo que alguna vez fue un centro de esparcimiento familiar es hoy un monumento al olvido y, para muchos, un portal hacia lo desconocido que sigue desafiando cualquier explicación lógica por parte de los escépticos.



