El reciente operativo militar y de inteligencia desplegado para neutralizar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, ha generado una profunda sacudida en el tablero de la seguridad nacional. Sin embargo, más allá del impacto mediático del abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), expertos advierten que el suceso deja tras de sí un rastro de dudas sobre la efectividad real de la estrategia gubernamental.

Arturo Sarukhán, exembajador de México y analista en temas de política exterior y seguridad, ha planteado un análisis crítico sobre los eventos ocurridos este domingo. Para el especialista, la caída del máximo líder del CJNG no representa necesariamente un triunfo contundente para el Estado, sino que pone de manifiesto la fragilidad institucional y las contradicciones de la actual administración en su combate al crimen organizado.

De acuerdo con Sarukhán, México enfrenta un problema severo de percepción y realidad respecto a la incursión del narcotráfico en las estructuras del gobierno. El diplomático sostiene que la capacidad operativa de los grupos delictivos y su facultad para generar violencia han superado las respuestas oficiales. En este sentido, fue tajante al calificar el desempeño de la actual gestión: “El sexenio de los abrazos y no balazos acabó convirtiéndose en realidad en abrazos para el narcotráfico”, señaló el analista.

La crítica apunta a que la política de no confrontación directa, bajo el lema de pacificación del país, permitió que organizaciones criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación expandieran su control territorial y logístico. El operativo contra Oseguera Cervantes, aunque exitoso en su objetivo primario, abre un abanico de preguntas sobre quiénes facilitaron su permanencia en la clandestinidad durante años y cómo se reconfigurará la violencia tras su ausencia.

Finalmente, el análisis de Sarukhán sugiere que el abatimiento de “El Mencho” ocurre en un contexto de desconfianza hacia las instituciones encargadas de procurar justicia. El reto para el gobierno mexicano será demostrar que este golpe no es un hecho aislado, sino parte de una reestructuración profunda que logre desarticular las redes de complicidad que permiten al narcotráfico operar con impunidad en diversas regiones del territorio nacional.