La confirmación de la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'El Mencho', marca un punto de inflexión crítico en la historia de la seguridad nacional mexicana. Como líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), su figura no solo representaba el mando de una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo, sino también el objetivo principal de la estrategia de seguridad del Estado. Su deceso ha desencadenado una reacción en cadena que ha dejado una estela de violencia en diversos puntos del territorio nacional.
Tras el operativo que culminó con el fin del liderazgo de Oseguera, se registraron múltiples narcobloqueos y ataques directos contra la población civil. Estas acciones, caracterizadas por el incendio de vehículos y el cierre de arterias viales estratégicas, son tácticas de distracción y presión que las células del CJNG han perfeccionado para obstaculizar el despliegue de las fuerzas federales. Esta respuesta coordinada subraya la capacidad operativa que la organización mantiene incluso ante la pérdida de su cabeza jerárquica.
La crisis de seguridad actual expone la compleja realidad del reacomodo del crimen organizado. Los expertos advierten que la desaparición de un líder de la talla de 'El Mencho' suele derivar en una fragmentación de la estructura criminal, donde distintas facciones luchan por el control de rutas de tráfico y mercados locales. Esta pugna interna no solo incrementa los niveles de violencia homicida, sino que también altera el equilibrio de poder con otros grupos delictivos antagónicos, lo que podría recrudecer los enfrentamientos en estados clave.
Este operativo se consolida como uno de los más relevantes de los últimos años, no solo por la importancia del objetivo, sino por la vulnerabilidad que ha dejado al descubierto en el aparato de seguridad pública. El reto para el Gobierno Federal radica ahora en contener la expansión de la violencia derivada de este vacío de poder y evitar que el reacomodo de fuerzas resulte en un fortalecimiento de células locales más agresivas. La caída de 'El Mencho' no representa el fin de la organización, sino el inicio de una etapa de incertidumbre y alta tensión en la geografía delictiva de México.



