La reciente intensificación de las operaciones militares de Estados Unidos en puntos estratégicos de Medio Oriente ha encendido las alarmas no solo en los círculos diplomáticos internacionales, sino también en el seno del Departamento de Defensa. Altos mandos y analistas militares han comenzado a manifestar un temor creciente ante la posibilidad de que la actual expansión operativa desemboque en una confrontación directa contra Irán, un escenario que muchos consideran de alto riesgo y consecuencias imprevisibles.
El despliegue de activos navales, el reforzamiento de bases terrestres y el incremento de los vuelos de vigilancia han sido interpretados oficialmente como medidas de disuasión. Sin embargo, para diversos sectores dentro del ejército estadounidense, esta postura agresiva podría provocar un error de cálculo táctico. La preocupación principal radica en la capacidad de respuesta asimétrica de Teherán, la cual incluye el uso de milicias aliadas, ataques cibernéticos y el bloqueo de rutas marítimas vitales para el comercio energético mundial.
Expertos en defensa señalan que una incursión o ataque directo contra objetivos iraníes no se limitaría a una operación de corta duración. Por el contrario, advierten sobre el peligro de quedar atrapados en un conflicto de desgaste regional que comprometa la seguridad de las tropas desplegadas en países vecinos. Este nerviosismo interno refleja una división en Washington sobre hasta dónde debe llegar la presión militar sin cerrar las puertas a la diplomacia.
Para México, esta situación no es ajena a sus intereses nacionales. Una escalada bélica entre Washington y Teherán tendría repercusiones inmediatas en la economía global, particularmente en la volatilidad de los precios del petróleo y el gas, afectando directamente la inflación y los costos de importación de combustibles en nuestro país. Además, la diplomacia mexicana, históricamente defensora de la solución pacífica de las controversias, observa con cautela estos movimientos que podrían desestabilizar la seguridad hemisférica.
Mientras las operaciones continúan expandiéndose, la cúpula militar insiste en que cualquier paso hacia una ofensiva debe ser analizado bajo el prisma de la prudencia. La incertidumbre prevalece en los pasillos del Pentágono, donde se reconoce que, en una guerra contra Irán, los costos humanos y económicos podrían superar cualquier beneficio estratégico previsto originalmente.

