La propuesta de eliminar el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) como parte de la reforma electoral ha provocado un intenso debate en el seno del Instituto Nacional Electoral (INE). Mientras algunos consejeros advierten sobre el riesgo de retroceder a una era de opacidad y desconfianza, otros sugieren que la medida es viable únicamente si se implementa de manera progresiva y con un fuerte respaldo tecnológico.
El consejero Arturo Castillo manifestó su preocupación ante lo que considera una amenaza a la estabilidad política del país. En entrevista, Castillo señaló que prescindir del PREP abriría una “ventana de incertidumbre innecesaria e injustificada”, ya que este sistema es la herramienta informativa más eficaz para calmar los ánimos durante la noche de la elección. El consejero cuestionó la lógica detrás de la propuesta: “La pregunta clave es: ¿queremos elecciones confiables o simplemente baratas? El PREP funciona bien, es operativo y políticamente útil”.
Sin este mecanismo, los ciudadanos y los partidos políticos tendrían que esperar a que la totalidad de los paquetes electorales lleguen a los consejos distritales para conocer tendencias claras, un proceso que históricamente ha estado marcado por la tensión y las suspicacias en la política mexicana. Para Castillo, el ahorro económico no justifica el vacío de información que se generaría al eliminar uno de los pilares de la certeza electoral.
En contraste, la consejera Carla Humphrey ofreció una visión más optimista, aunque condicionada a una planeación rigurosa. Humphrey recordó que esquemas similares ya operan con éxito en la Ciudad de México desde hace 20 años, demostrando que es posible agilizar los cómputos. Sin embargo, aclaró que un cambio de tal magnitud no puede realizarse de forma abrupta. “No se puede ir de un día para otro a cambiarlo porque toda la capacitación para los funcionarios de casillas tendría que ir más allá”, advirtió.
La implementación de esta reforma exigiría que el cómputo oficial iniciara el mismo día de la jornada electoral, lo que demandaría cambios sustanciales en los procedimientos de capacitación, logística y documentación. Humphrey subrayó que para dar este paso sería vital contar con herramientas como listados nominales electrónicos y una infraestructura tecnológica que garantice que el sistema no colapse bajo la presión del tiempo real.
En el contexto mexicano, el PREP ha servido desde la década de los 90 como un antídoto contra el fantasma de la "caída del sistema". La discusión actual en el INE refleja la tensión entre la búsqueda de una mayor eficiencia presupuestaria y la necesidad de mantener los estándares de transparencia que han definido la transición democrática en México durante las últimas tres décadas.


