Seúl, Corea del Sur – La sociedad surcoreana se encuentra en estado de alerta tras el escalofriante descubrimiento de una serie de crímenes que mezclan la psicopatía con el uso de tecnologías de última generación. Una joven, cuya identidad ha sido resguardada por las autoridades locales, ha sido vinculada con el asesinato de varios hombres en un caso que desafía la lógica de la seguridad digital y la salud mental contemporánea en el continente asiático.
De acuerdo con las investigaciones preliminares y los reportes periciales, la detenida no actuó de manera errática, sino que empleó la inteligencia artificial ChatGPT como un aliado estratégico para orquestar sus crímenes. Los peritajes psicológicos realizados hasta el momento sugieren que la acusada padece un severo trastorno de control de impulsos. No obstante, más allá de la impulsividad, los especialistas detectaron una necesidad obsesiva de control y manipulación de sus vínculos interpersonales, llevando estas conductas a un nivel letal y perturbador.
El uso de la IA en este contexto ha generado una ola de indignación y preocupación global. Se presume que la joven utilizó el chatbot para perfeccionar sus métodos de engaño, planificar coartadas y, potencialmente, estructurar los escenarios en los que cometía los ilícitos sin levantar sospechas inmediatas. Este nivel de sofisticación en el uso de herramientas de procesamiento de lenguaje natural para la ejecución de delitos violentos marca un precedente alarmante para las agencias de seguridad internacional y los desarrolladores de software.
Para el público en México, este suceso resuena en un contexto donde la seguridad en plataformas digitales y el impacto de las nuevas tecnologías en la conducta humana son temas de creciente relevancia en la agenda pública. El caso pone de manifiesto la urgencia de establecer marcos regulatorios más estrictos y éticos sobre el uso de la inteligencia artificial, así como la importancia de la detección temprana de perfiles sociopáticos que puedan explotar estas herramientas para fines delictivos.
Actualmente, las autoridades de Seúl mantienen una investigación abierta para esclarecer el alcance exacto de la premeditación facilitada por la tecnología. Mientras tanto, la imputada permanece bajo custodia y observación psiquiátrica forense, mientras el mundo observa con asombro cómo una herramienta diseñada para la productividad fue subvertida para convertirse en un instrumento de una tragedia de proporciones estremecedoras.

