Mogadiscio – La situación humanitaria en Somalia ha alcanzado niveles alarmantes, dejando a casi 6.5 millones de personas en una situación de hambre severa. De acuerdo con los informes más recientes emitidos por el gobierno federal de Somalia en conjunto con diversas agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la nación del Cuerno de África atraviesa una de las crisis alimentarias más profundas de su historia reciente.
Los factores que impulsan este desastre son múltiples y se han agudizado en los últimos meses. En primer lugar, el agravamiento de una sequía sin precedentes, vinculada a los efectos extremos del cambio climático, ha devastado la producción agrícola y ha acabado con el ganado, que representa el principal sustento de las comunidades rurales. Esta carencia de recursos naturales ha forzado desplazamientos masivos de población hacia campos de refugiados ya saturados.
A la crisis climática se suman los persistentes conflictos internos que azotan la región. La inestabilidad política y los enfrentamientos armados no solo dificultan la producción local de alimentos, sino que bloquean las rutas de suministro esenciales, impidiendo que la asistencia básica llegue a las zonas más vulnerables. El entorno de inseguridad ha vuelto sumamente peligrosa la labor de los trabajadores humanitarios en diversas provincias del país.
Un elemento crítico que ha acelerado esta emergencia es el drástico recorte en el financiamiento de la ayuda global. Mientras la atención de la comunidad internacional se ha centrado en otros conflictos geopolíticos, los recursos destinados a Somalia han disminuido considerablemente. Esta falta de fondos ha obligado a la ONU a reducir raciones y suspender programas de nutrición vitales para miles de niños y ancianos.
Para el lector en México, esta noticia es un recordatorio de la fragilidad del sistema alimentario global y de cómo los fenómenos climáticos, combinados con la falta de apoyo internacional, pueden desarticular sociedades enteras. La ONU ha reiterado su llamado urgente a las potencias mundiales para restablecer los flujos de ayuda, advirtiendo que, sin una intervención económica inmediata, el número de muertes por desnutrición podría incrementarse de forma exponencial en los próximos meses. La estabilidad de Somalia y de la región depende ahora de una respuesta coordinada que logre mitigar los efectos de este escenario de hambre generalizada.


