La ambiciosa renovación de la llamada "Línea Rosa" del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, uno de los proyectos de infraestructura más importantes de la actual administración capitalina, está atravesando un inicio de operaciones sumamente accidentado. Según informes recientes obtenidos del propio organismo, la Nueva Línea 1 ha registrado un total de 13 mil fallas en sus convoyes durante un periodo de apenas tres meses.
Las cifras, que abarcan desde la reapertura del primer tramo el pasado 29 de octubre de 2023 hasta el cierre de enero de 2024, arrojan una luz preocupante sobre la estabilidad del servicio. De acuerdo con los registros del STC, estas incidencias técnicas no son menores, ya que han derivado en un retraso acumulado de 696 minutos. Este tiempo de parálisis operativa equivale a más de 11 horas de servicio perdidas, afectando la movilidad de miles de ciudadanos que dependen de esta ruta para cruzar la ciudad.
Es fundamental contextualizar que la Línea 1 fue sometida a una intervención integral que implicó el cierre total de estaciones emblemáticas para sustituir sistemas de vías, balasto, telecomunicaciones y señalización, además de la incorporación de nuevos trenes de última generación. No obstante, los datos sugieren que la transición tecnológica y la puesta a punto de las unidades han enfrentado obstáculos mayores a los previstos originalmente por las autoridades capitalinas.
Las fallas reportadas varían en su naturaleza, pero en conjunto han generado una percepción de incertidumbre entre los usuarios, quienes tras meses de utilizar rutas alternas de camiones RTP, esperaban un servicio eficiente y sin interrupciones. El tiempo de retraso acumulado refleja episodios donde los trenes deben ser retirados de circulación o avanzar a marcha lenta debido a errores en los sistemas informáticos o mecánicos de las unidades.
Hasta el momento, la administración del Metro ha mantenido que estos incidentes forman parte de un proceso de ajuste necesario en cualquier sistema ferroviario de gran escala tras una modernización profunda. Sin embargo, para los especialistas en movilidad y la opinión pública, el volumen de averías detectadas en tan corto tiempo pone bajo la lupa los procesos de certificación y entrega de la obra. La Nueva Línea 1 sigue bajo un escrutinio constante mientras se espera que la estabilidad operativa se alcance antes de concluir las fases restantes del proyecto.

