Apenas unos meses después de la reapertura del primer tramo modernizado de la Línea 1 del Metro de la Ciudad de México, las cifras oficiales revelan un panorama preocupante para la movilidad capitalina. Según datos proporcionados por el Sistema de Transporte Colectivo (STC), entre el 29 de octubre de 2023 y enero de 2024 se contabilizaron un total de 13 mil fallas técnicas en los convoyes que recorren el tramo recientemente renovado.

Estas averías no solo representan una cifra alarmante en términos de mantenimiento y operación, sino que han tenido un impacto directo y tangible en la vida cotidiana de los pasajeros. El reporte oficial detalla que los incidentes técnicos han generado un retraso acumulado de 696 minutos en el servicio durante el periodo mencionado. Esto equivale a más de 11 horas de interrupciones o circulación lenta en una de las arterias de transporte más vitales y antiguas de la Ciudad de México.

La modernización de la llamada 'Línea Rosa', que inicialmente contemplaba una renovación integral de vías, sistemas de señalización y la incorporación de nuevos trenes, ha estado bajo el constante escrutinio público. Desde que el primer segmento —que corre de las estaciones Pantitlán a Isabel la Católica— volvió a entrar en funciones, los usuarios han reportado constantes irregularidades. A pesar de la millonaria inversión realizada por el Gobierno de la Ciudad de México y los cierres prolongados para su actualización tecnológica, la fiabilidad del servicio sigue siendo el principal reto para la administración del STC.

El desglose de los datos indica que las fallas han sido recurrentes en el equipo rodante, lo que obliga a la activación de protocolos de revisión en vías y, en los casos más severos, al retiro de unidades para su inspección detallada en los talleres de mantenimiento. Los 696 minutos perdidos se traducen en andenes saturados, transbordos colapsados y una creciente frustración entre los ciudadanos que dependen de esta ruta para conectar el oriente con el centro de la capital.

Actualmente, la segunda fase de la modernización, que abarca el tramo de Balderas a la terminal Observatorio, continúa en obra, lo que mantiene una presión adicional sobre el resto de la red del Metro y los sistemas de transporte de apoyo como el RTP. Los usuarios esperan que estas fallas en el sistema renovado se estabilicen conforme avance la integración tecnológica, aunque las cifras actuales ponen en duda la eficiencia inmediata de los trabajos realizados en la Nueva L1.