Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, ha vuelto a sacudir el panorama político y sanitario con la nominación de Casey Means para el puesto de Cirujana General de la nación. Means, una figura prominente en redes sociales y cofundadora de la empresa de tecnología metabólica Levels, se presenta ante el Senado estadounidense en medio de una ola de cuestionamientos sobre sus credenciales profesionales y su visión de la salud pública.
El cargo de Cirujano General (Surgeon General) es fundamental en la estructura del gobierno estadounidense; actúa como el 'médico de la nación', proporcionando a la ciudadanía la mejor información científica disponible sobre cómo mejorar su salud y reducir el riesgo de enfermedades. Sin embargo, la elección de Means rompe con la tradición de colocar a médicos con una trayectoria clínica activa o de investigación convencional en dicho puesto de alto rango.
Según informes de medios especializados como Ars Technica, uno de los puntos más críticos que han surgido durante el proceso de nominación es que Means actualmente no posee una licencia médica activa para ejercer. Aunque se graduó de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y completó parte de su formación en otorrinolaringología, la nominada decidió abandonar la práctica clínica tradicional para enfocarse en el activismo de salud y el emprendimiento tecnológico.
Su nominación está estrechamente ligada al movimiento MAHA (Make America Healthy Again), una iniciativa impulsada por Robert F. Kennedy Jr. que busca transformar radicalmente el sistema alimentario y sanitario de los Estados Unidos. Means es una crítica vocal de la industria farmacéutica y del sistema de salud actual, al que acusa de enfocarse exclusivamente en tratar síntomas en lugar de abordar las causas metabólicas de las enfermedades. En su lugar, promueve activamente la medicina alternativa y cambios drásticos en el estilo de vida como la solución principal a la crisis de enfermedades crónicas.
Para México, esta designación no es un tema menor. La relación bilateral en materia de salud pública —que incluye desde la regulación de alimentos procesados y etiquetados hasta el control de epidemias transfronterizas— podría verse influenciada por un cambio de paradigma en la oficina de salud más visible de los Estados Unidos. Si el Senado ratifica su nombramiento, la gestión de Means marcaría un giro histórico hacia políticas de salud menos convencionales, priorizando la medicina funcional sobre los protocolos médicos tradicionalmente establecidos por organismos internacionales.

