En un movimiento que redefine la dinámica geopolítica del Caribe, el Departamento de Estado de los Estados Unidos informó este miércoles 25 de febrero que otorgará licencias específicas a empresas interesadas en la reventa de petróleo venezolano a Cuba. Esta decisión marca un giro parcial en la política de bloqueos energéticos que Washington ha mantenido sobre la región, abriendo una ventana de oportunidad para aliviar la asfixia económica que padece la isla.
Sin embargo, la administración estadounidense ha sido enfática al señalar que esta flexibilización no representa un levantamiento total de las sanciones. Las nuevas licencias están sujetas a restricciones rigurosas y se limitarán exclusivamente a transacciones operadas por el sector privado. El objetivo central de esta medida es reactivar el flujo de hidrocarburos que se vio interrumpido tras las tensiones políticas y los eventos que derivaron en la captura de Nicolás Maduro, situación que dejó a Cuba en una vulnerabilidad energética sin precedentes.
Para Cuba, la noticia llega en un momento de extrema urgencia. La isla más grande del Caribe enfrenta actualmente una de sus peores crisis de suministros, con apagones constantes y una parálisis parcial del transporte público y la industria debido a la falta de diésel y gasolina. Con la reapertura de este canal de suministro venezolano, las autoridades regionales esperan que se logre una estabilización paulatina del sistema eléctrico nacional cubano.
Desde una perspectiva mexicana, este cambio en la postura de Washington es seguido de cerca por la Secretaría de Relaciones Exteriores y el sector energético nacional. México ha sido históricamente un actor clave en la mediación y el apoyo humanitario hacia Cuba; una mayor fluidez en el mercado energético caribeño podría disminuir la presión sobre las exportaciones de Petróleos Mexicanos (PEMEX), que en meses recientes ha tenido que equilibrar su propia demanda interna con el apoyo solidario a la isla.
Expertos en política exterior sugieren que esta medida busca también despresurizar la crisis social en Cuba, la cual ha impulsado olas migratorias significativas que impactan directamente en las fronteras de México y Estados Unidos. Al permitir que actores privados gestionen la reventa de crudo, Washington intenta fomentar una estructura de mercado que dependa menos del control estatal directo, mientras gestiona la compleja realidad de seguridad energética en el hemisferio occidental.



