En una jornada marcada por la alta tensión diplomática y militar, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevaron a cabo una ofensiva aérea de gran escala contra diversas posiciones en el sur del Líbano. Estos ataques, descritos por las autoridades de Tel Aviv como acciones preventivas contra infraestructura logística del grupo chiíta Hezbolá, representan uno de los episodios más críticos en la reciente escalada de hostilidades en la zona.

De acuerdo con reportes preliminares y material audiovisual difundido en redes sociales, los bombardeos se concentraron en zonas rurales y puntos estratégicos donde se presume la presencia de lanzaderas de proyectiles y depósitos de municiones. Las imágenes muestran columnas de humo negro alzándose sobre el paisaje libanés, mientras que el eco de las explosiones se sintió en localidades fronterizas, provocando el desplazamiento inmediato de cientos de familias que buscan refugio lejos de la línea de fuego.

El gobierno libanés, por su parte, calificó la operación israelí como una agresión directa y una violación sistemática de su soberanía territorial. Esta postura es compartida por diversos organismos internacionales que han expresado su preocupación por el uso de fuerza desproporcionada en áreas que colindan con asentamientos civiles. La comunidad internacional teme que este intercambio de ataques derive en un conflicto regional que involucre a otras potencias del área, rompiendo el frágil equilibrio de seguridad que se mantenía en el Levante.

Para México, el desarrollo de este conflicto no pasa desapercibido. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ha reiterado en foros internacionales su llamado al cese de las hostilidades y al respeto irrestricto de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. La comunidad mexicana de origen libanés, una de las más influyentes y numerosas en el país, sigue con atención y preocupación el destino de sus familiares en la región, mientras que el gobierno de México evalúa el impacto que una guerra a gran escala podría tener en los mercados energéticos globales.

Por ahora, los esfuerzos de mediación liderados por Estados Unidos y Francia parecen no rendir frutos inmediatos ante la retórica belicista imperante. Con el cierre de esta edición, el estado de alerta máxima persiste en ambos lados de la frontera, mientras los servicios de emergencia libaneses continúan evaluando los daños materiales y el número de víctimas resultantes de esta nueva oleada de bombardeos israelíes.