En una jornada que marca un giro significativo en el conflicto actual, miles de ciudadanos palestinos han comenzado a cruzar a pie la zona militar que divide la Franja de Gaza para intentar regresar a sus hogares en el norte del enclave. Este movimiento masivo de población civil ocurre después de que se lograra destrabar un punto crítico en las negociaciones relacionadas con la liberación de rehenes, según informaron fuentes oficiales.
Durante meses, la Franja de Gaza ha permanecido partida en dos por un corredor de control militar israelí, una medida que impedía el libre tránsito de los desplazados que huyeron de los intensos combates en la parte septentrional hacia el sur. Sin embargo, la reciente flexibilización de estas restricciones permite ahora que familias enteras, cargando apenas con sus pertenencias básicas, emprendan el incierto viaje de regreso a zonas que han sido duramente golpeadas por la guerra.
El diario estadounidense The Wall Street Journal (WSJ) —una de las fuentes de información financiera y política más influyentes del mundo— reportó que la apertura de este paso se produjo tras una serie de intensas gestiones diplomáticas. El estancamiento previo en el diálogo sobre el intercambio de prisioneros y la liberación de rehenes había mantenido las fronteras internas selladas, exacerbando la crisis humanitaria en los refugios del sur, donde las condiciones de hacinamiento son extremas.
Para la audiencia en México, es fundamental contextualizar que la Franja de Gaza es un territorio costero densamente poblado, de apenas 365 kilómetros cuadrados (un tamaño menor a la mitad de la Ciudad de México). El control de estos corredores militares por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel es una táctica estratégica clave en su despliegue operativo, pero al mismo tiempo representa un obstáculo crítico para la movilidad humana y la distribución de ayuda internacional.
Aunque el flujo de personas es constante, el panorama que enfrentan los desplazados al llegar al norte es desolador. Gran parte de las viviendas e infraestructuras básicas han sido reducidas a escombros tras meses de hostilidades, y el acceso a servicios esenciales como agua potable y electricidad sigue siendo limitado o inexistente. A pesar de estos riesgos y de la presencia militar persistente, el deseo de recuperar sus hogares ha impulsado este éxodo a la inversa.
La comunidad internacional observa con cautela este desplazamiento, esperando que el cumplimiento de los acuerdos sobre los rehenes sea el primer paso hacia una tregua más sólida que facilite la reconstrucción. Por ahora, el regreso de los palestinos a pie se convierte en una de las imágenes más potentes de la crisis humanitaria actual en Medio Oriente.
