Ginebra vuelve a posicionarse como el epicentro de la diplomacia global este jueves, al albergar la tercera sesión de las negociaciones indirectas entre los gobiernos de Estados Unidos e Irán. En un contexto marcado por la desconfianza mutua, el encuentro busca destrabar una de las relaciones más complejas y determinantes para la seguridad en el Medio Oriente. Sin embargo, las expectativas de un avance sustancial se han visto ensombrecidas por las recientes declaraciones del jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio.
Desde la víspera del encuentro, Rubio fijó una postura contundente que define el tono de la delegación norteamericana. El funcionario calificó como un "gran problema" la firme negativa de las autoridades de Teherán para incluir su programa de misiles balísticos en la agenda de discusión. Para la administración estadounidense, cualquier acuerdo que pretenda garantizar la estabilidad regional debe abordar no solo el desarrollo nuclear, sino también la capacidad de Irán para proyectar fuerza mediante su arsenal de largo alcance.
Por su parte, la República Islámica ha sostenido históricamente que su programa de misiles es de carácter defensivo y soberano, por lo que no está sujeto a negociaciones con potencias extranjeras. Esta diferencia fundamental en la agenda de discusión mantiene las pláticas en un formato de mediación indirecta, donde los delegados de ambos países no comparten el mismo espacio físico y dependen de facilitadores internacionales —habitualmente representantes de la Unión Europea o diplomáticos suizos— para transmitir propuestas y respuestas.
Para México, el seguimiento de estas conversaciones es de suma relevancia. Como actor que históricamente aboga por el multilateralismo y la resolución pacífica de conflictos en foros internacionales, el gobierno mexicano observa de cerca cualquier tensión que pueda alterar la balanza geopolítica. Además, la volatilidad en el Golfo Pérsico tiene un impacto directo en los precios internacionales del crudo, lo cual repercute directamente en la economía nacional y en la estabilidad de los mercados financieros globales.
La jornada de este jueves en Ginebra será crucial para determinar si existe la voluntad política necesaria para flexibilizar las posturas o si, por el contrario, el diálogo se encamina hacia un nuevo estancamiento diplomático. Mientras tanto, la comunidad internacional aguarda con cautela los resultados de una negociación donde el equilibrio del poder mundial y la no proliferación de armas siguen en el centro del debate.

