Javier Tarazona, director de la organización FundaREDES y uno de los rostros más visibles de la defensa de los derechos humanos en Venezuela, ha roto el silencio tras pasar más de mil 500 días tras las rejas. Su testimonio no solo revela la precariedad del sistema penitenciario venezolano, sino que expone un esquema de tortura y degradación humana que opera en las entrañas de El Helicoide, la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en Caracas.

El activista relató que, durante su estancia en la prisión más temida del país sudamericano, las condiciones de vida básicas fueron sustituidas por una política de deshumanización sistemática. “Hacíamos nuestras necesidades donde nos servían la comida”, señaló Tarazona, subrayando que la falta de acceso a servicios sanitarios y agua potable se utilizaba deliberadamente como una herramienta de presión psicológica y física contra los detenidos.

Tarazona fue detenido originalmente en julio de 2021 tras denunciar públicamente los presuntos vínculos entre las fuerzas de seguridad venezolanas y grupos armados irregulares en la zona fronteriza con Colombia. Su caso ha sido documentado exhaustivamente por organismos internacionales como Amnistía Internacional y la ONU, quienes calificaron su detención como arbitraria y motivada por fines políticos. El activista describió celdas saturadas de humedad, falta total de luz solar y periodos de aislamiento prolongado como parte de la cotidianidad en el recinto.

Para México, el caso de Tarazona cobra una relevancia particular en un contexto regional donde la defensa de los derechos fundamentales se ha convertido en una labor de alto riesgo. La situación en Venezuela ha generado una de las crisis migratorias más grandes de la historia moderna, impactando directamente a México como país de tránsito y refugio para miles de venezolanos que huyen de la represión. Además, el testimonio de Tarazona pone sobre la mesa la importancia de la vigilancia internacional sobre las condiciones carcelarias en América Latina.

Aunque Tarazona ha recuperado una libertad parcial bajo medidas cautelares, su proceso judicial continúa abierto. Su voz se suma ahora a la de cientos de antiguos prisioneros que han denunciado que en El Helicoide no solo se priva de la libertad, sino que se intenta arrebatar la esencia misma del ser humano a través de tratos crueles e inhumanos. La comunidad internacional se mantiene en alerta ante estas denuncias que cuestionan el cumplimiento de los tratados básicos de derechos humanos en la región.