La Casa Blanca, a través de su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, emitió este miércoles un pronunciamiento contundente respecto a la ola de violencia que ha sacudido diversas regiones del territorio mexicano tras confirmarse el fallecimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como 'El Mencho', líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En un tono de firmeza, la funcionaria detalló la postura de la administración del presidente Donald Trump frente a la crisis de seguridad que atraviesa su vecino del sur.
Durante su comparecencia ante los medios, Leavitt informó que, hasta el momento, el gobierno de los Estados Unidos no tiene constancia de informes que sugieran que ciudadanos estadounidenses hayan resultado heridos, secuestrados o asesinados durante los episodios de violencia y bloqueos registrados en los últimos días. No obstante, subrayó que el secretario de Estado, Marco Rubio, se encuentra trabajando activamente y en constante monitoreo para garantizar la integridad de los connacionales que residen o transitan por México en este contexto de inestabilidad.
Lo que inició como un reporte de seguridad nacional escaló rápidamente a una advertencia directa hacia las organizaciones criminales transnacionales. Leavitt aseguró que la administración Trump no tolerará agresiones contra sus ciudadanos y lanzó un mensaje tajante: “Los cárteles de la droga mexicanos saben que no deben tocar ni un solo pelo a ningún estadounidense o pagarán graves consecuencias bajo la presidencia de Donald Trump”, aseveró la portavoz, marcando una línea divisoria respecto a la retórica diplomática tradicional.
Para el lector mexicano, esta declaración no es menor, pues ocurre en un momento de alta tensión donde la muerte del líder de uno de los grupos delictivos más poderosos del mundo ha desatado pugnas internas y enfrentamientos con fuerzas federales en estados clave como Jalisco, Michoacán y Colima. La mención de 'consecuencias graves' por parte de Washington sugiere una disposición a implementar medidas punitivas más severas, que podrían ir desde sanciones económicas hasta presiones diplomáticas o de seguridad más agresivas.
Esta postura refuerza el enfoque de la nueva administración estadounidense en priorizar la seguridad de su frontera y de sus ciudadanos por encima de las formas protocolarias. Mientras el gobierno mexicano intenta contener los focos de violencia derivados de la sucesión en el CJNG, la advertencia de la Casa Blanca añade un componente de presión externa que define el complejo panorama de la relación bilateral en materia de seguridad para los próximos meses.



