El mandatario de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, alzó la voz este martes para denunciar lo que calificó como una campaña de "presión económica sin precedentes" dirigida contra los aliados estratégicos de Rusia y China. Durante su intervención, el líder bielorruso enfatizó que el uso de sanciones y bloqueos financieros se ha convertido en la principal herramienta de injerencia por parte de potencias occidentales en los asuntos internos de naciones soberanas.
Según Lukashenko, países como Venezuela, Cuba e Irán han sido los blancos principales de estas tácticas de asfixia económica en los últimos tiempos. El mandatario subrayó que estas acciones no solo buscan desestabilizar a los gobiernos en turno, sino que representan una "grave injerencia" que afecta directamente el bienestar de las poblaciones civiles. Para el líder de Minsk, esta dinámica refleja un intento deliberado por mantener un orden unipolar en un mundo que transita rápidamente hacia la multipolaridad.
En el contexto latinoamericano, las declaraciones de Lukashenko resuenan de manera particular debido a la histórica relación que México ha mantenido con naciones como Cuba y Venezuela bajo la doctrina de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Mientras que México ha abogado en foros internacionales por el fin de los bloqueos económicos, Lukashenko posiciona estas medidas como una guerra económica abierta que busca castigar la cercanía política con Moscú y Pekín.
Finalmente, el líder bielorruso advirtió que la resistencia ante estas presiones externas fortalecerá la cooperación entre los bloques que no se alinean con las políticas de Washington y Bruselas. Al señalar que la economía es ahora el principal campo de batalla geopolítico, Lukashenko instó a sus aliados a consolidar mecanismos de defensa financiera y comercial que permitan mitigar el impacto de las medidas coercitivas externas, asegurando que la soberanía nacional no debe estar supeditada al control de los mercados globales dominados por Occidente.

