La industria cervecera del Reino Unido se enfrenta a un panorama sombrío tras el anuncio de la multinacional estadounidense Molson Coors sobre el cierre definitivo de Sharp’s Brewery. La planta, ubicada en Rock, Cornualles, es la cuna de la icónica cerveza "Doom Bar", una de las bebidas de tipo ale más populares y representativas de la región. Esta medida pone fin a décadas de tradición local y deja en la incertidumbre el futuro de una marca que incluso cuenta con el visto bueno de la monarquía.

Recientemente, el Rey Carlos III y la Reina Camila fueron captados por la prensa internacional disfrutando de una Doom Bar durante una visita al histórico Mercado de Leadenhall, en Londres. Sin embargo, ni el respaldo simbólico de la corona británica ha sido suficiente para proteger a la empresa frente a las actuales presiones económicas y las decisiones estratégicas del gigante cervecero norteamericano.

El contexto del cierre se agrava por el reciente presupuesto presentado por Rachel Reeves, la Canciller de Hacienda del Reino Unido (un cargo equivalente al Secretario de Hacienda en México). Si bien el gobierno británico anunció un paquete de rescate y beneficios fiscales para los pubs con el fin de evitar su desaparición masiva, las plantas productoras y destilerías quedaron fuera de estos incentivos. Esta omisión en la política pública ha sido señalada como un factor determinante para que empresas como Molson Coors opten por consolidar sus operaciones y cerrar instalaciones regionales.

Para el lector en México, es relevante señalar que Molson Coors es uno de los jugadores más importantes en el mercado global de bebidas, compitiendo directamente con firmas como AB InBev (dueña de Grupo Modelo) y Heineken. En territorio mexicano, Molson Coors es reconocida por la distribución y comercialización de marcas como Coors Light y Miller High Life. El cierre de Sharp’s Brewery refleja una tendencia de centralización en la industria, donde las grandes corporaciones sacrifican marcas locales emblemáticas para optimizar costos ante la inflación y los cambios en los hábitos de consumo.

Expertos del sector advierten que, aunque la marca Doom Bar podría seguir produciéndose en otras instalaciones del grupo, la pérdida del arraigo geográfico en Cornualles altera la identidad del producto. El caso de Sharp’s es visto ahora como una señal de alerta para otras cerveceras tradicionales que luchan por sobrevivir sin el apoyo fiscal directo del Estado en un entorno de costos operativos crecientes.