Ann Godoff, una de las figuras más prominentes y respetadas en la industria editorial de los Estados Unidos y pieza clave en el panorama literario global, falleció el pasado 24 de febrero en Albany, Nueva York. Tenía 76 años. La noticia fue confirmada por su pareja, Annik LaFarge, al diario The New York Times, detallando que el deceso ocurrió en un centro hospitalario debido a complicaciones derivadas de un cáncer de hueso.

Godoff no fue solo una editora; fue una arquitecta de carreras literarias de alto perfil. Antes de fundar Penguin Press, dedicó más de tres décadas a Random House, donde ascendió hasta ocupar la presidencia y dirección editorial. Bajo su liderazgo, la firma no solo consolidó su éxito comercial, sino que se convirtió en un referente de prestigio intelectual, impulsando obras que ganaron reconocimiento internacional y moldearon el gusto de millones de lectores.

Para el público en México, el legado de Godoff es sumamente relevante. Ella fue una de las mentes maestras detrás del crecimiento de lo que hoy conocemos como Penguin Random House, el conglomerado editorial más grande del mundo y que en territorio mexicano opera sellos de gran tradición como Alfaguara, Grijalbo, Taurus y Debate. Aunque su labor se centró principalmente en el mercado anglosajón, las estrategias y la visión de calidad que implementó definieron los estándares de excelencia que rigen a la industria editorial moderna en toda Hispanoamérica.

En 2003, tras una salida muy comentada de Random House, Godoff fundó Penguin Press con la misión de publicar libros de no ficción y ficción literaria que tuvieran un impacto duradero en la conversación pública. Bajo su tutela, este sello se convirtió en un imán para autores galardonados con premios Pulitzer y National Book Awards, consolidándose como un bastión de la literatura de calidad frente a las tendencias comerciales efímeras.

La comunidad literaria internacional lamenta hoy la pérdida de una mujer descrita por sus colegas como una editora tenaz, poseedora de un instinto infalible para detectar el talento y una defensora incansable de la libertad de expresión. Su fallecimiento marca el cierre de un capítulo fundamental en la historia del libro contemporáneo, dejando tras de sí un catálogo de obras fundamentales que seguirán presentes en las librerías de todo el mundo.