Ciudad de México – Tras la ola de violencia que ha sacudido diversos puntos del territorio nacional a raíz de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, la administración de Donald Trump ha fijado una postura tajante que eleva la tensión diplomática entre ambos países. Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, informó que, hasta el momento, el gobierno de Estados Unidos no cuenta con reportes de ciudadanos estadounidenses heridos, secuestrados o asesinados durante los enfrentamientos.

Durante una comparecencia oficial, Leavitt señaló que el gobierno estadounidense mantiene un monitoreo constante de la situación de seguridad en México. Afirmó que, bajo las instrucciones directas del secretario de Estado, Marco Rubio, se están trabajando y activando protocolos para salvaguardar la integridad de sus connacionales que se encuentran en suelo mexicano.

Sin embargo, lo que inició como un reporte de seguridad ordinario derivó rápidamente en una declaración de corte agresivo. La vocera no se limitó a los canales diplomáticos habituales y lanzó un mensaje directo a las organizaciones criminales que operan en México. “Los cárteles de la droga mexicana saben que no deben tocar ni un solo pelo a ningún estadounidense o pagarán graves consecuencias bajo la presidencia de Donald Trump”, sentenció Leavitt.

Esta retórica marca un endurecimiento en el discurso de la administración Trump hacia la crisis de seguridad en México, sugiriendo una política de tolerancia cero y la posibilidad de represalias directas. La mención de "graves consecuencias" ha sido interpretada por analistas como una señal de la disposición del gobierno republicano para intervenir de manera más decidida, e incluso unilateral, en la lucha contra el narcotráfico transnacional.

La muerte de Oseguera Cervantes, quien fuera líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha provocado una serie de disturbios y reacomodos violentos en distintas regiones del país, lo que mantiene en alerta máxima a las autoridades mexicanas. En este contexto, el mensaje de la Casa Blanca añade una presión adicional al gobierno de México, que enfrenta el reto de contener la violencia interna mientras gestiona las crecientes exigencias de seguridad de su principal socio comercial.

Por ahora, el Departamento de Estado estadounidense mantiene sus recomendaciones de viaje y exhorta a sus ciudadanos en territorio mexicano a extremar precauciones, mientras el equipo de Marco Rubio supervisa las garantías de seguridad en las zonas más críticas de la República.