A lo largo de la historia de la biología evolutiva, una de las preguntas más recurrentes entre la comunidad científica ha sido el origen de la morfología única del cuerpo humano en comparación con sus parientes biológicos más cercanos, como los chimpancés o los bonobos. Un reciente análisis, difundido originalmente por el medio británico Daily Mail, ha profundizado en las razones por las cuales las mujeres poseen senos permanentemente desarrollados, una característica física que no se encuentra en ninguna otra especie del reino animal.
En el resto de los mamíferos, las glándulas mamarias únicamente aumentan su tamaño durante los periodos de lactancia o embarazo, cumpliendo una función estrictamente funcional para la nutrición de las crías. Una vez que el periodo de alimentación termina, el tejido suele reducirse. Sin embargo, en la especie humana, el tejido mamario comienza su desarrollo desde la pubertad y permanece presente durante toda la vida adulta. Según los investigadores, este fenómeno responde a una compleja combinación de selección sexual y la necesidad biológica de almacenamiento de grasa en puntos estratégicos del cuerpo.
El estudio sugiere que, a diferencia de otros primates, los senos humanos están compuestos en gran medida por tejido adiposo y no solo por glándulas productoras de leche. Esta acumulación de grasa habría evolucionado como una señal visual de salud y reservas energéticas ante los compañeros reproductivos. Es decir, mientras que en otros animales el tamaño de las mamas es un indicador de que la hembra está amamantando, en las humanas funciona como un indicador de fertilidad y capacidad para sustentar un embarazo exitoso.
Para el público en México, cabe destacar que este tipo de investigaciones suelen ser publicadas por instituciones académicas de renombre internacional y difundidas por medios como el Daily Mail, que es uno de los diarios de mayor circulación en el Reino Unido, especializado en llevar temas de ciencia y salud al interés general.
Finalmente, los expertos subrayan que este rasgo evolutivo es fundamental para entender la transición del ser humano hacia el bipedismo. La fisonomía femenina se habría adaptado para que las señales de madurez sexual fueran visibles de manera frontal, a diferencia de otros primates donde estas señales suelen ser posteriores. Este hallazgo no solo cierra una brecha en la antropología biológica, sino que también reafirma la singularidad de la evolución humana frente a otras especies del planeta.


