La economía digital en México ha marcado un hito histórico durante el ciclo transaccional de 2025. De acuerdo con cifras del sector financiero, el uso de tarjetas de crédito y débito movilizó una cifra récord de 6.4 billones de pesos, consolidando una transición acelerada hacia un ecosistema de pagos que depende cada vez menos del dinero en efectivo.

Durante este periodo, se registraron un total de 11,261 millones de operaciones en todo el territorio nacional. Este dinamismo refleja no solo una mayor penetración de los servicios financieros, sino también un cambio en los hábitos de consumo de los mexicanos, quienes han integrado las herramientas digitales y las terminales punto de venta como su principal método de pago en comercios físicos y electrónicos.

Sin embargo, este volumen masivo de transacciones ha puesto nuevamente bajo los reflectores la estructura de costos del sistema de pagos. El crecimiento exponencial en la actividad ha reabierto el debate técnico y regulatorio sobre las denominadas 'cuotas de intercambio'. Estas comisiones, que representan el pago que realiza un banco adquiriente al banco emisor de la tarjeta por procesar una transacción, se encuentran actualmente bajo el riguroso análisis de las autoridades competentes.

En este contexto, el Banco de México (Banxico) y otros organismos reguladores buscan evaluar si los niveles actuales de estas cuotas fomentan la competencia o si, por el contrario, representan una barrera para la inclusión financiera de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs). El desafío para los reguladores radica en encontrar un equilibrio que permita reducir los costos para los comerciantes sin desincentivar la inversión que la banca privada realiza en infraestructura y ciberseguridad.

Por su parte, las instituciones bancarias sostienen que los ingresos generados por estas cuotas son vitales para mantener la operatividad y robustez tecnológica necesaria para procesar más de 11 mil millones de movimientos sin contratiempos. La resolución de este debate será clave para definir el futuro de la competitividad en el sector financiero mexicano, en un momento donde la digitalización de la economía se ha vuelto el eje central del desarrollo comercial del país.