La monarquía británica se enfrenta nuevamente a una tormenta mediática que amenaza con socavar los cimientos de su reputación. Richard Eden, uno de los cronistas más respetados de la fuente real y ferviente defensor de la corona, ha roto el silencio para expresar su absoluto rechazo ante lo que califica como una saga 'repugnante e inmoral': la estrecha relación entre los Duques de York y el fallecido financista Jeffrey Epstein.
En un relato cargado de decepción, Eden asegura que los rumores que emanan de los pasillos del Palacio de Buckingham son cada vez más oscuros y perturbadores. Para el periodista, descubrir la verdadera magnitud de la amistad que el Príncipe Andrés y su exesposa, Sarah Ferguson, mantuvieron con el agresor sexual estadounidense ha sido un punto de ruptura. 'Como monárquico de toda la vida, no podría estar más decepcionado y horrorizado', afirma Eden, subrayando que lo que se escucha ahora en los círculos internos de la realeza trasciende la mera imprudencia para entrar en el terreno de lo inmoral.
Para el lector en México, es fundamental entender el contexto de esta crisis. El Príncipe Andrés es el tercer hijo de la fallecida Reina Isabel II y hermano del actual Rey Carlos III. Jeffrey Epstein, por su parte, fue el eje de una red internacional de tráfico y abuso de menores que sacudió a la élite política y social de Estados Unidos y Europa. Aunque el Duque de York ya fue despojado de sus funciones oficiales y títulos militares en 2022, los nuevos detalles sobre la participación de Sarah Ferguson en este círculo social añaden una capa de toxicidad a la imagen de la familia real.
Eden enfatiza que el problema no radica solo en el pasado, sino en la naturaleza de la información que sigue filtrándose desde el entorno real. El periodista describe una sensación de náusea ante la persistencia de estos vínculos, sugiriendo que la institución monárquica aún no ha logrado distanciarse completamente de las sombras de Epstein. Esta situación coloca al Rey Carlos III en una posición incómoda, mientras intenta proyectar una imagen de modernidad y transparencia para la corona británica en un escenario internacional cada vez más crítico.
La indignación de figuras como Eden refleja un sentimiento creciente entre los observadores de la realeza: la preocupación de que el caso Epstein sea una mancha imborrable. Mientras el Palacio de Buckingham intenta mantener la discreción habitual, las voces internas sugieren que el escándalo está lejos de terminar, manteniendo a la opinión pública mundial a la expectativa de nuevas e inquietantes revelaciones sobre el comportamiento de quienes alguna vez representaron el pináculo del deber y la moralidad británica.



