Oxford Street, una de las arterias comerciales más emblemáticas de Londres y un punto de referencia global para el turismo de compras, se someterá a una transformación histórica. El gobierno local ha dado luz verde al proyecto de peatonalización total de la avenida, eliminando el tránsito vehicular para convertirla en un corredor exclusivo para peatones. Aunque la medida busca revitalizar la zona y mejorar la experiencia de los millones de visitantes anuales, la decisión no ha estado exenta de una fuerte polémica entre la población local.
El anuncio ha despertado una profunda inquietud entre los residentes y propietarios de establecimientos en los alrededores de la zona. Según reportes del medio británico Daily Mail, diversos sectores de la comunidad han expresado su temor de que, al eliminar el flujo constante de autobuses y taxis, la calle se convierta en un "imán" para el crimen organizado. Los críticos del proyecto argumentan que la falta de barreras vehiculares y el nuevo diseño del espacio público podrían facilitar las actividades de bandas delictivas y el incremento del "farderismo" (robo a tiendas).
Para poner en contexto la importancia de este sitio, Oxford Street es para el Reino Unido lo que el Corredor Peatonal Madero es para la Ciudad de México, pero a una escala de lujo y comercio internacional masivo. La preocupación de los londinenses radica en que, sin la presencia de tráfico motorizado que suele actuar como un disuasivo natural, la zona se vuelva vulnerable durante las horas de mayor afluencia y también durante la noche.
"Existe un temor fundado de que la nueva zona car-free (libre de autos) se convierta en un objetivo principal para grupos de delincuentes y carteristas", señalan algunos de los testimonios recogidos. Los opositores al plan enfatizan que la seguridad pública debe ser la prioridad antes de proceder con cualquier cambio estético o urbanístico, pues temen que la zona pierda su prestigio y se degrade ante la presencia de la delincuencia.
A pesar de estas advertencias, las autoridades municipales defienden la iniciativa, asegurando que la peatonalización es un paso necesario para modernizar la capital británica y reducir los niveles de contaminación. El proyecto contempla una inversión significativa en infraestructura que, según el gobierno, incluirá sistemas de vigilancia reforzados para garantizar que el nuevo corredor sea seguro tanto para los comercios como para los turistas que lo visitan diariamente.



