La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), lejos de mitigar las tensiones en materia de seguridad, podría convertirse en el catalizador de una nueva fase de intervención estadounidense en México. Según Caroline Hammer, experta de la firma de inteligencia global RANE, el riesgo de que el presidente Donald Trump autorice operaciones militares directas en territorio nacional se mantiene latente y podría intensificarse en el corto plazo.
El análisis sugiere que la administración Trump ha mostrado una determinación creciente para expandir sus acciones contra el narcotráfico en América Latina. Esta postura no es nueva, pues se ha manifestado previamente en el despliegue de operativos contra embarcaciones en las rutas del Caribe y el Pacífico. Sin embargo, el escenario de un México post-Mencho plantea variables que harían estas “operaciones cinéticas” (acciones de fuerza directa) mucho más atractivas para los intereses estratégicos de Washington.
Para los especialistas, la clave reside en el nivel de inestabilidad que genere la ausencia del capo. Históricamente, la muerte o captura de un líder de esta magnitud suele provocar una fragmentación de la estructura criminal, derivando en pugnas internas por el control de las plazas y un repunte significativo en la violencia homicida. Hammer advierte que, ante un incremento de la violencia en el país, la Casa Blanca encontraría la justificación política necesaria para escalar su presencia operativa.
Un punto crítico en esta ecuación es la seguridad de los ciudadanos estadounidenses. El informe de RANE destaca que, si en medio del caos generado por el reacomodo del CJNG algún ciudadano de los Estados Unidos resultara muerto, la presión para tomar represalias directas sería casi inevitable. Esto colocaría al gobierno de México en una posición diplomática sumamente delicada frente a las tácticas de presión de su principal socio comercial.
En este contexto, la muerte de “El Mencho” no solo representa un golpe a la estructura del cártel más poderoso de México, sino que abre la puerta a un periodo de incertidumbre donde la soberanía nacional y la cooperación bilateral en seguridad serán puestas a prueba ante la visión de una administración estadounidense decidida a combatir al narcotráfico con un enfoque de confrontación directa en la región.



