La pasión por el balompié nacional se encontró de frente con la compleja realidad de seguridad que atraviesa el país. El Estadio La Corregidora, en Querétaro, fue el escenario de un despliegue operativo sin precedentes para el encuentro amistoso entre la Selección Mexicana e Islandia. Más allá de los planteamientos tácticos, la atención se centró en los seis anillos de seguridad que transformaron el recinto en un auténtico búnker, como respuesta directa a la tensión generada tras la captura y abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como ‘El Mencho’.
Desde tempranas horas, el ambiente en las inmediaciones del inmueble no era el habitual de una fiesta deportiva. La presencia masiva de elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Guardia Nacional, apoyados estrechamente por la Policía Estatal y la Coordinación Estatal de Protección Civil, marcaba un perímetro de vigilancia férreo. Patrullas terrestres y sobrevuelos constantes de helicópteros recordaban a los miles de asistentes que la tranquilidad se mantenía bajo un control estricto de las fuerzas federales y locales.
El contexto de violencia que azotó diversas regiones del país en días recientes obligó a las autoridades a no dejar nada al azar. Según reportes oficiales, el objetivo primordial fue blindar tanto a las delegaciones deportivas como a la afición que acudió al hogar de los Gallos Blancos. Antes del silbatazo inicial, el estadio guardó un solemne y sentido minuto de silencio en memoria de los 25 elementos de las Fuerzas Armadas que perdieron la vida en cumplimiento de su deber durante las misiones para desarticular al grupo criminal. El homenaje, acompañado por los acordes de la banda de guerra y el aplauso unísono de la tribuna, subrayó la gravedad del momento que vive la nación.
Para los aficionados, la experiencia estuvo marcada por una dualidad entre el temor y el alivio. Testimonios recogidos en el lugar reflejaron la incertidumbre previa al evento; un grupo de primos provenientes de Celaya, Guanajuato, confesó haber sentido temor de que el partido fuera cancelado debido a la inestabilidad en la región. Por su parte, asistentes locales mencionaron que, aunque la previa estuvo cargada de nerviosismo, la presencia de los diversos cuerpos de seguridad permitió que el evento se desarrollara en calma.
Este operativo refleja el complejo panorama que enfrenta México, donde los espectáculos masivos deben ahora convivir con protocolos de seguridad de alto nivel para garantizar que el deporte siga siendo un espacio de convivencia familiar a pesar del entorno nacional.



