En un movimiento que sacude los cimientos del deporte colegial estadounidense y que marca un precedente legal de gran envergadura, la Universidad de Cincinnati ha interpuesto una demanda formal contra su exmariscal de campo, Brendan Sorsby. La disputa legal se centra en una millonaria cláusula de rescisión que el jugador se habría negado a liquidar tras su transferencia a la Universidad Tecnológica de Texas (Texas Tech).
Según los documentos presentados ante la corte, la institución de Cincinnati alega que Sorsby violó los términos de su contrato de Derechos de Nombre, Imagen y Semejanza (NIL, por sus siglas en inglés). El jugador, quien fue una pieza clave en la ofensiva de los Bearcats, enfrenta ahora una reclamación por un millón de dólares, cifra estipulada como una 'tarifa de salida' en el acuerdo comercial que firmó con la organización vinculada a la universidad antes de decidir cambiar de equipo.
Para poner en contexto al lector mexicano, es fundamental entender el complejo sistema de la NCAA (la asociación que regula el deporte universitario en EE. UU.). Hasta hace pocos años, los atletas universitarios tenían estrictamente prohibido recibir pagos. Sin embargo, tras cambios legislativos recientes, se permitió la creación de los contratos NIL, los cuales permiten a los estudiantes-atletas monetizar su imagen a través de patrocinios y convenios con 'colectivos' financieros vinculados a sus escuelas. Este sistema ha transformado el deporte amateur en un mercado profesionalizado donde las universidades intentan proteger sus inversiones mediante cláusulas contractuales.
El caso de Sorsby pone de relieve una nueva y conflictiva realidad: la implementación de penalizaciones financieras por transferencias. Al optar por mudarse a Texas Tech para continuar su carrera deportiva, el mariscal de campo habría activado, según la parte demandante, la obligación de pagar el millón de dólares acordado. La defensa del jugador tendrá que argumentar si dicha cláusula es legalmente vinculante o si vulnera los derechos de libertad de movimiento de los estudiantes-atletas.
Este litigio es seguido de cerca por analistas y departamentos legales deportivos en todo Norteamérica, ya que el fallo judicial podría definir el futuro de cómo se redactan los contratos en el fútbol americano colegial. Si la corte falla a favor de Cincinnati, se validaría el uso de cláusulas de permanencia agresivas, limitando la flexibilidad de los jugadores para cambiar de institución, un tema que genera gran interés entre la creciente base de seguidores del fútbol americano universitario en México.

